ALGO MAS SOBRE GIRARDOTA...
Monografía Histórica del municipio de Girardota
2. Los grupos antiguos en el Municipio
La
preocupación por reconstruir el pasado aborigen del Valle de Aburrá y
particularmente del municipio de Girardota es reciente. Este ejercicio
ha requerido de la investigación de las diferentes fuentes: las
documentales que nos hablan de los grupos humanos que habitaban esta
región antes de la conquista y colonización española y la investigación
arqueológica que con sus diferentes métodos recupera evidencias dejadas
por los grupos más antiguos asentados en este territorio.
2.1 El pasado antiguo del Valle de Aburrá
La arqueología, ha dado a
conocer fragmentos de la vida de los grupos nativos, tanto de los que
encontraron los españoles en su avanzada, como de aquellos antiguos
grupos que ingresaron a nuestro territorio por corredores naturales hace
más de 10.000 años antes de Cristo. De estos últimos, en el Valle de
Aburrá, se han definido cuatro momentos de ocupación antigua la primera
ocupación corresponde al avance y conocimiento del territorio por parte
de pequeños grupos recolectores y cazadores, suceso que ha sido reseñado
aproximadamente entre los 8000 a 3000 años antes de Cristo.
El hallazgo en Niquía de puntas de
proyectil elaboradas en piedra, que servían para la cacería de
animales, fue la primera evidencia; ésta plantea desde entonces, el
probable ingreso de estos grupos al Valle de Aburrá, desde el Magdalena
Medio, atravesando valles transversales y montañas. Recientes
investigaciones realizadas en el municipio de La Estrella y en el
corregimiento de Altavista de Medellín, han recuperado otras evidencias
para el 6000 y 4000 años antes de Cristo que reportan la presencia de
grupos probablemente seminómadas, dedicados al aprovechamiento de los
recursos vegetales, la caza y la pesca y probablemente estaban
cultivando la tierra para el autoconsumo. Al parecer estos grupos
elaboraban cestos donde transportaban los alimentos que recogían,
utilizaban herramientas fabricadas en piedra para cortar árboles,
plantas frutos y machacar semillas, arar la tierra y para cazar
animales.
La segunda ocupación en el valle
de Aburrá data entre los 3000 años antes de Cristo y los primeros años
después de Cristo. Estos asentamientos se caracterizan por ser pequeños
poblados agro-alfareros que ocupaban suelos fértiles del sector sur del
valle, esta ocupación fue continua e intensa; en sus inicios contaban
con baja densidad de población, posteriormente reportan un aumento
habitando tanto las zonas bajas y amplias del sur de valle, como las
partes altas, en las cuales adecuaron aterrazamientos de menor tamaño.
El desarrollo social de estos grupos probablemente trajo consigo un
cierto grado de complejidad mayor que los grupos del período anterior,
donde los asentamientos de laderas bien se podrían corresponder con
unidades familiares menores, y los asentamientos de las partes bajas y
amplias correspondería a unidades de mayor jerarquía.
Para esta época, las evidencias
palinológicas registran áreas abiertas entre los bosques antiguos,
presencia de granos de polen de maíz y pequeñas mazorcas fósiles de maíz
y las arqueológicas reportan instrumentos de piedra para el
procesamiento de recursos agrícolas que nos remiten a sembradíos en
áreas cercanas a los poblados. La gente además, fabricó vasijas de barro
para el almacenamiento de bebidas y la cocción y consumo de los sus
alimentos; esta actividad alfarera ha servido a los arqueólogos para
identificar la presencia de estos grupos, ya que es muy común encontrar
fragmentos de estas vasijas en los sitios arqueológicos, los cuales
poseen una serie de elementos como forma, color, textura, decoración y
diseño. La cerámica de este segundo período, por haber sido encontrada
por primera vez en el sitio La Ferrería del municipio de La Estrella ha
sido llamada por los arqueólogos cerámica del estilo Ferrería.
El tercer momento de ocupación ha
sido ubicado aproximadamente en los primeros siglos de la era cristiana
hasta el siglo VIII. Acompañando a los grupos de la producción alfarera
Ferrería, se han encontrado evidencias, de otro grupo humano, que muy
probablemente haya ingresado al valle desde el sur del país; este grupo
contaba con organizaciones sociales complejas y jerarquizadas, y un
modelo económico sustentado fundamentalmente en actividades agrícolas y
mineras, en explotación de fuentes salinas y de oro. El registro
arqueológico identifica la presencia de este nuevo grupo por el hallazgo
de otro tipo de material cerámico; se trata de un nuevo estilo
denominado cerámico Marrón Inciso que posee elementos tecnológicos que
los diferencia de la cerámica Ferrería. Por los resultados de las
investigaciones arqueológicas sabemos que este nuevo grupo se asentó por
todo el Valle de Aburrá y particularmente aquí se le llama cerámica
Pueblo Viejo nuevamente por haber sido encontrada por primera vez en
este sitio del municipio de la Estrella.
El registro arqueológico presenta
en el valle de Aburrá vacíos entre el siglo X y el XIV, pero para los
siglos XV y XVI se reporta una buena cantidad de información
proveniente, en su mayoría, de sitios de enterramiento y algunos sitios
de vivienda. El estudio de este tipo de evidencias muestra una
importante población presente en el valle, que realizaba rituales
funerarios de gran interés, como lo muestran las estructuras funerarias
en forma de vivienda encontradas en el cerro El Volador y las tumbas de
pozo con cámara lateral en los cerros tutelares del valle. En estos
contextos se reportan elementos materiales que nos hablan de otros
aspectos sociales de estos grupos como es el caso del hallazgos de
numerosos volantes de huso, sellos y pintaderas al interior de las
tumbas, registro que plantean la actividad textil. La cerámica
característica de este último periodo muestra una ruptura con la de los
períodos anteriores, se caracteriza por su sencillez y acabados burdos,
en términos generales para el Valle de Aburrá ha sido llamada cerámica
Tardía.
En los últimos años, tres de los
trabajos arqueológicos adelantados en el Valle de Aburrá han reportado
valiosa información sobre la arqueología del municipio de Girardota en
estos se han reportado evidencias arqueológicas en las veredas El
Totumo, Manga Arriba y Las Cuchillas ubicadas hacia el oeste de la
cabecera municipal; Juan Cojo, El Barro, Jamundí parte alta y parte
baja, hacia el sur del casco urbano y las veredas Encenillos, San Diego
en la parte sureste de la zona urbana, El Incendio, La Matica, loma de
Los Ochoa, San Esteban, Portachuelo hacia el noroeste de la zona urbana y
hacia el sector norte del municipio en las veredas San Andrés, La
Palma, El Socorro, Potrerito.
La distribución de la población en tiempos arqueológicos que ocupó
el Municipio, se concentró en el sector central, donde sobresale el
depósito aluvial formado por la cuenca del río Medellín, este sector
concentra una gran cantidad de sitios arqueológicos y más aún presentan
los de mayor extensión. Hacia el suroriente se encontró una menor
densidad de sitios asociados generalmente a las principales fuentes de
agua; así mismo sucede en el sector norte de la banda occidental y hacia
el suroccidente se identificó un número bastante reducido de sitios con
importancia arqueológica asociados a las corrientes de agua.
Según las investigaciones, las evidencias arqueológicas en
Girardota corresponden a sitios que contienen material cultural de los
tres períodos arqueológicos agroalfareros identificados para Antioquia y
el Valle de Aburrá. Aunque en Girardota no se han recuperado evidencias
del período de cazadores recolectores, a través de las evidencias
reportadas para el valle de Aburrá, es posible que este territorio haya
sido escenario de tempranas actividades de cacería y de campamento para
estos grupos; futuras investigaciones bien podrían hallar este tipo de
evidencias en el municipio.
El período agroalfarero temprano caracterizado por la presencia de
cerámica Ferrería, en Girardota reportó un asentamiento limitado
comparado con el poblamiento que se dio en el sur del Valle de Aburrá en
los municipios de la Estrella, Itagüí y la parte sur de Medellín, zonas
que poseen suelos mas fértiles que Girardota. Los pocos asentamientos
de este período encontrados en el municipio tienen menos de una hectárea
de extensión, donde tan sólo se puede hablar de un poblamiento inicial
poco denso, caracterizado por sitios pequeños y dispersos.
La situación cambia significativamente para la ocupación del
período identificado por la cerámica Marrón Inciso denominada Pueblo
Viejo para el Valle de Aburrá. El cambio más importante es el énfasis en
el poblamiento, ya que en Girardota fue posible identificar varias
aldeas de considerable tamaño, todas ellas concentradas hacia el sector
centro occidental del municipio. La más grande de estas aldeas tiene
alrededor de seis hectáreas y se encuentra relativamente aislada de
otros asentamientos. Otras concentraciones de población ubicadas algo
más al sur presentaron entre cuatro y 1.6 hectáreas. Estos sitios se
ubican en terrenos que presentan una pendiente suave y es muy posible
que los asentamientos fuesen aún más grandes, puesto que, el casco
urbano de Girardota se encuentra precisamente al lado de ellos. Así
mismo se localizaron poblados dispersos menores de 2 hectáreas.
Lo que se encontró entonces en Girardota, es una distribución de
asentamientos de sitios menores de dos hectáreas, junto con otros
constituidos por las aldeas mayores de tres hectáreas; la información
arqueológica precisa que estas aldeas no parecen ser muy densas.
Para la Ocupación Tardía, se detecta un nuevo cambio en la
distribución de la población, las concentraciones de la ocupación Pueblo
Viejo desaparecen para dar paso a un poblamiento disperso y
caracterizado por sitios pequeños. Las zonas donde se encontraban las
aldeas mayores de 3 hectáreas se desocupan (como sucede en el lugar
donde se encontraba la aldea más grande) o, por lo menos, la población
desciende considerablemente.
Estas ocupaciones antiguas se asentaron en terrenos que les
brindaban una serie de recursos. Las investigaciones arqueológicas y
palinológicas realizados en el sitio San Diego, precisamente uno de los
grandes asentamientos de la ocupación Pueblo Viejo, plantean que se
cultivaba maíz y yuca, aunque el grado de intervención antrópica sobre
el paisaje era limitado ya que al menos en la primera parte de la
secuencia de ocupación del sitio, con una fecha del 320 +/- 120 A.C.
reporta que el bosque es aún predominante. Adicionalmente la
disponibilidad de recursos mineros como la sal y el oro presentes en el
municipio, hacían parte la dinámica de las aldeas asentadas en los
depósitos aluviales del río Aburrá.
Se destaca la presencia de petroglifos en la vereda El Socorro.
Estos pueden corresponder a evidencias de los grupos agroalfareros
tempranos.
En la tabla 3 se presenta una relación de los sitios arqueológicos presentes en Girardota que cuentan con análisis cronológico.
| Código de laboratorio Beta | Procedencia | Fecha | Contexto de hallazgo | ||
| Sitio | Vereda | A.C. | D.C. | ||
| 100533 | El Indio | San Andrés | 960±60 | DOMÉSTICO | |
| 141052 | San diego | San diego | 320 ± 120 | VIVIENDA | |
| 127747 | Loma Ochoa 1 | Loma de los Ochoas | 240±50 | VIVIENDA | |
| 127745 | El incendio | Girardota | 290±50 | VIVIENDA | |
| 111753 | La Palma | La Palma | 330±60 | FUNERARIO | |
| 127744 | El incendio | Girardota | 340±50 | VIVIENDA | |
| 111209 | La Palma | La Palma | 360±60 | FUNERARIO | |
| 111754 | La Palma | La Palma | 400±60 | FUNERARIO | |
| 108042 | La Palma | La Palma | 420±60 | FUNERARIO | |
| 100534 | La Palma | La Palma | 730±80 | DOMÉSTICO | |
| 100535 | La Palma | La Palma | 770±20 | DOMÉSTICO | |
| 111755 | La Palma | La Palma | 940±50 | RASGO | |
| 127746 | Loma de los Ochoas | Loma de los Ochoas | 1270±50 | VIVIENDA | |
2.3 El Siglo XVI
Los primeros relatos de los
acontecimientos históricos que sucedieron en nuestro país en el siglo
XVI, están ligados a las crónicas de conquista, relatos que describen
desde la mirada de los españoles, los diferentes sucesos ocurridos en el
encuentro de estos dos mundos, allí se describen episodios de las
hazañas que los conquistadores tuvieron en la empresa de conquista y se
refieren algunos elementos de la colonización de una multiplicidad de
grupos nativos que salían al encuentro del español.
El
nuevo colonizador se tuvo que enfrentar al dominio y la comprensión del
nuevo territorio: la Nueva Granada, con sus paisajes humanizados por los
grupos nativos que desde tiempos milenarios lo ocupaban y que en el
momento les ofrecía abrigo, riquezas y alimento y en ocasiones amenaza e
incertidumbre.
Sobre
la lectura parcial y poco profunda de algunas crónicas de conquista,
algunos autores plantearon que a la llegada española, los territorios de
la parte central de Antioquia y concretamente los municipios del Valle
de Aburrá estaban habitados por los grupos Nutabes. Recientemente, el
estudio "Historia y cultura de la población Nutabe en Antioquia"
presenta de manera confiable los aspectos relacionados con la conquista
del territorio que ocupó la población Nutabe, allí se describen las
expediciones y rutas de conquista, las políticas administrativas
coloniales aplicadas a esta población y las primeras reducciones y
traslaciones de indios a mano de los encomenderos.
Duque y
Espinosa muestran como los Nutabes ocupaban el sector norte de la
región fisiográfica del cañón del río Cauca: parte del noroccidente y
norte del departamento de Antioquia:
De
acuerdo a los criterios ya definidos y basados en los documentos del
siglo XVI, los denominados Nutabes constituían un grupo étnico
conformado por una confederación de jefaturas que ocupaban parte del
Noroccidente y del norte del actual departamento de Antioquia. Hacia la
margen derecha del río Cauca y sobre la vertiente occidental de la
cordillera Central, se ubicaban en las cuencas de los ríos San Andrés y
Espíritu Santo, y en las quebradas Santa María y Valdivia; en la margen
izquierda, en la vertiente oriental de la cordillera Occidental,
dominaban todo el territorio comprendido entre el río Ituango y el río
Tarazá.
Esta
precisión histórica se ve confirmada con la lectura de las crónicas de
conquistas en el episodio del descubrimiento de la hueste de Robledo del
Valle de Aburrá. La información dada por el escribano Sardella sobre la
expedición de Jerónimo Luis Tejelo, nunca menciona la presencia de
grupos Nutabes en este Territorio. Se hace mención a una organización
política entendida por él como Provincia y en su documento la llama
LaPprovincia de Aburrá, encontrando diferencias entre estos grupos y los
poblados vecinos.
"...
es dyferente de todas estotras, ansy en el traje como en la manera de
las casas como en todo lo demás ... no comen carne humana y son indios
pobres que tienen poco oro y son grandes labradores y tienen mucha ropa e
mucho de comer, ansy de carne como de frutas, porque tienen grandes
arboledas y estan en aquel valle ques muy ancho e vicioso; son belicosos
en la guerra y pelean con diferentes armas questotros, porque tienen
estoricas con que tiran sus tiraderas, que son unos dardos delgados, que
los echan con tanta fuerza como xara ..."
En su
encuentro con los españoles, las crónicas mencionan "... antes de que él
[ Tejelo ] llegase al Valle salió el sol y los indios le divisaron y
como los vieron tocaron sus atambores e bocinas e juntándose hasta mil
indios y los españoles eran hasta veinte de pie e doce a caballo. E como
ellos nunca habian visto christianos, salieronles al camyno sin dar
lugar a que se les hizyese parlamento ninguno e tovieron con ellos su
guazavara.... E aquel mysmo día en la tarde los naturales se tornaron a
rehazer e se juntó un escuadrón de fasta tres myl yndios e vinyeron
hasta junto al pueblo que echaban los dardos e tiraderas dentro del... "
Las
crónicas además describen como este grupo humano se asentaba en pequeños
poblados de agricultores, cultivaban maíz, yuca, fríjol, batata, raíces
y legumbres, recolectaban frutos del bosque, domesticaron curíes y
"perros mudos"; hilaban algodón y tejían mantas.
"...en
los boyos, sin lo que en el campo estaba se halló mucha ynfinidad de
comyda asy de mayz como de frisoles que son casi como alverjas e muchos
cories que son como conejos salvo que son mas chiquytos que tienen muy
lindo de comer, e muchos perros medianos como los de Castilla salvo que
son mudos,.. ." .
El
intercambio de los productos, al parecer, se efectuó hacia el interior y
el exterior del valle, situación que está sugerida por el hallazgo de
una compleja red de caminos, los que fueron descritos por los cronistas a
su llegada; "... desde Zenufaná a Aburrá puede aver seys leguas, en
todo este camino hay grandes asyentos de pueblos antyguos e muy grandes
edificios de caminos hechos a mano e grandes por las sierras e medias
laderas que en el Cuzco no los hay mayores..."
Así
mismo la industria textil de los Aburraes, se encuentran referenciada en
dos anotaciones por parte de los cronistas: "... porque los hombres
traen en lugar de zinchos una madexa de hilo colorado o blanco y su
natura cogida arriba asyda por el capillo de aquel ancho." "...Aconteció
en esta provincia a algunos españoles, yendo por fruta y a caza de
aves, ir a donde algunos indios estaban; e ansi como los veían, se
quitaban una manta de vara y media de largo e de una en ancho, con que
traen atadas sus verguenzas, quitársela e darse una vuelta al pezcuezo y
ahorcarse....se les preguntó con la lengua (Indio ladino interprete)
que por qué se ahorcaban; dijeron que porque se espantaban de ver los
españoles e de las barbas.. ."
Con
las lectura de las crónicas se ha sugerido una ubicación de la Provincia
de Aburrá en el extenso valle que forma el río Medellín, incluyendo las
tierras del actual municipio de Girardota, esta provincia abarcaba
"hacia el Sur, la provincia de Murgia (Hoy Heliconia), que compartía
algunos rasgos culturales con la gran confederación Quimbaya; al
Occidente la provincia de Zenufaná, en un área ocupada hoy por los
municipios de Venecia, Titiribí, Amagá y Caldas; y más hacia el Sur, las
provincias de Poblanco y de Arma. Hacia el Noreste, siguiendo el curso
del río Porce, estaban la provincia de Amache y otras poblaciones de las
cuales los cronistas no dan los nombres, caracterizadas por un patrón
de poblamiento disperso a orillas de los caminos. Más al Norte se
encontraban los Yamecíes, expertos mineros con los que también existían
relaciones de intercambio.
Pasado
el proceso de conquista, los españoles fundaron sus pueblos sobre
terrenos habitados por comunidades indígenas establecidas e hicieron uso
de las tierras agrícolas, de las fuentes minerales, de los caminos que
comunicaban con otras regiones, al igual que explotaron los diferentes
recursos y saquearon las tumbas. Evidencias estas de un territorio
plenamente ocupado para aquel entonces.
LANGEBAEK, et. Al. Arqueología y guerra en el Valle de Aburrá: 2002
CASTILLO, Neyla. Reconocimiento arqueológico en el Valle de Aburrá. En: Boletín de Antropología 1995: pag 73
Ver
los estudios "Gasoducto de distribución en el Valle de Aburrá", Rescate
Arqueológico Informe Final 1997; "Desarrollo Vial de Aburrá Norte".
Informe prospección arqueológica 1999; Arqueología y guerra en el valle
de Aburrá, 2002.
LANGEBAEK, et. Al. Op. Cit pags. 63-79
Ibíd., p. 63-79
Ibid., p. 63-79
Ibid., p. 63-79
Ibíd. pag: 63-79
Véase
entre otras "Relación de lo que subcedió en el descobrimyento de las
provincias de Antiochia, Anzerma y Cartago y cibdades que el ellas estan
pobladas por el señor capitán Jorge Robledo" de J. B. Sardela, "La
crónica del Perú" de Pedro Cieza de León, las " Elegías de Varones
Ilustres de Indias" escrita por el clérigo Juan de Castellanos, la
"Recopilación Historial" redactada por Fray Pedro Aguado, "Noticias
Historiales" elaborada por Fray Pedro Simón
DUQUE,
Marcela y ESPINOSA Iván Darío. Historia y Cultura de la Población
Nutabe. Tesis de Grado. Universidad de Antioquia, Departamento de
Antropología, Medellín, 1994.
Ibíd.
ROBLEDO,
Jorge. Relacion de lo subcedio en el descobrimiento de las provincias
de Antiochia, Anserma y Cartago y cibdades que en ellas estan pobladas
por el senor capitan Jorge Robledo. En: Tovar Pinzón, Hermes. Relaciones
y visitas a los Andes. Bogotá, Colcultura, 1993.
SARDELLA,
Juan Bautista. Relación de lo que subcedio al magnifico senor capitan
Jorge Robledo (Relación de Sardella) En: Tovar, Ibíd.
Ibíd.
ROBLEDO, Op. Cit.
Ibíd. pag. 351
SARDELLA, Op. Cit.
MÚNERA
Y BOTERO. Gasoducto de distribución Urbana del Valle de Aburrá.
Arqueología de rescate. EEPP -INTEGRAL S.A. Medellín. 1997
3. El Período Colonial
3.1 De tierra de indios a sitio de libres y estancias
Las
intenciones por ocupar el Valle de Aburrá no coincidieron con el paso
de los españoles en 1540, cuando la hueste de Jorge Robledo que venía de
Anserma, buscaba afanosamente el mítico Valle de Arví, sino después de
la pacificación de los indios del occidente antioqueño que comandó
Gaspar de Rodas en la década de 1570. Los indios con que Robledo, Tejelo
y sus acompañantes se habían encontrado en 1540 habían ofrecido una
fuerte resistencia, e incluso las crónicas relatan suicidios colectivos
antes de aceptar el dominio.
Y fue tanto el aborrecimiento que nos tomaron los naturales dél,
que ellos y sus mujeres se ahorcaban de sus cabellos o de los maures, de
los árboles y aullando con gemidos lastimeros dejaban allí los cuerpos y
abajaban las ánimas a los infiernos.
En
1540 los pocos españoles y libres que se quedaron en el Valle de Aburrá
no constituyeron un asentamiento tipo español, sino que ocuparon una
especie de "tierra de frontera" que aún no había sido integrada a la
dinámica del período colonial.
El interés por las tierras del
Valle de Aburrá en la década de 1570 comenzó como un premio a la acción
pacificadora; algunos españoles recibieron mercedes de tierras, algunas
de ellas ubicadas en el valle de Aburrá; unas fueron adjudicadas a
Gaspar de Rodas, a su familia y a capitanes españoles que lo acompañaron
en la pacificación aludida; otras fueron entregadas a blancos, como
doña María de Quesada en compensación por los dominios que se les
expropiaron en 1614 para la conformación de algunos resguardos (a esta
señora le concedieron unos predios al sur del Valle de Aburrá, en Itagüí
y San Antonio de Prado).
Los primeros propietarios blancos
de las tierras del norte del Valle de Aburrá fueron los integrantes de
la familia Rodas. A finales del siglo XVI, más exactamente en 1598,
Gaspar de Rodas solicitó una estancia para ganado mayor para su hijo
Alonso. Sus linderos eran: "de la otra banda del río que va por medio
del dicho valle frontero de la casa que solía tener el cacique Niquía
difunto linde, por la parte de arriba con estancias de mi, el dicho
gobernador y por la parte de abajo donde con estancias del capitán
Alonso de Rodas vuestro padre la tierra que quede entre la una o la otra
estancia sin perjuicio de ninguna de ellas y lo que tuviere de ancho
hasta el alto de la cordillera desde el río y que comience a correr la
dicha estancia desde una quebrada y piedras blancas que están de frente
de la casa del dicho Niquía de la Otrabanda del río".
Según Roberto Luis Jaramillo, gran
parte de las tierras de Girardota pertenecieron a doña María de Rodas,
hija de Gaspar de Rodas; ésta se las vendió a Diego Suárez, en contrato
celebrado en la ciudad de Zaragoza el 30 de julio de 1602. Luego pasaron
a ser propiedad de Juan Jaramillo de Andrade, junto con el potrero de
Barbosa en 1605 y de éste a Andrés Garcés en 1609. Su viuda negoció
parte de las tierras con Pedro Álvarez del Pino, mientras que la otra
parte fue rematada después de su muerte a favor de Diego Velásquez de
Obando, vecino de Mariquita.
En 1620 se instalaron en el paraje
San Diego algunos colonos provenientes de Antioquia, eran mineros que
trabajaban independientemente (es precisamente a estos pobladores a
quienes se les atribuye el origen de Girardota) . No tenemos certeza
sobre el momento en que los predios cerca de San Diego fueron adquiridos
por Matheo de Castrillón; lo que se cuenta es que siendo propietario de
San Diego, cuando quería viajar a Medellín, se iba bordeando el río
desde San Diego, giraba en el Totumo, subía al Ancón y de allí bajaba a
Niquía para seguir la ruta hacia Medellín. En uno de esos viajes en
compañía de Mateo de Castrillón, Juan Gómez de Salazar preguntó por las
tierras del frente, o sea por las de doña Margarita de Alarcón y se las
hizo adjudicar utilizando como intermediario a su hermano, para ello se
hizo un remate y terminó pagando 5.020 pesos. La familia Salazar fundó
allí un gran hato ganadero y una hacienda con capilla dedicada a San
Esteban. El sitio adquirió entonces el nombre de Hatogrande.
No hay certeza sobre la extensión
de los dominios de los diversos propietarios. Un pleito entre doña Ana
de Castrillón en 1671 y el señor Roque Marín nos ilustra estos
inconvenientes. Doña Ana entabló pleito contra don Roque porque sus
yeguas estaban invadiendo su terreno y se estaban confundiendo con las
mulas que venían del trajín de las minas; éste replicó la demanda
aduciendo que esas tierras le pertenecían por compra hecha a Alonso de
Rodas, desconoció entonces la legitimidad de los títulos de doña Ana y
presentó los suyos: una carta de compraventa hecha a Juan Sánchez
Ramírez, primer comprador de estos terrenos a Alonso de Rodas. Ana se
sostuvo firme y describió los límites de su predio, comprado por Juan
Gómez de Salazar, su esposo ya difunto, cuando fueron rematadas las
tierras de Margarita de Alarcón, estos eran:
"en las tierras que había vacas de
la otra banda del río Aburrá, desde el sitio que llaman la Matanza río
abajo, hasta el monte que llaman la Garrapata y desde la lengua del agua
de dicho río hasta sus cumbres "eran éstas, tierras de Barbosa y el
predio en litigio quedaba en cercanías de la quebrada de Ovejas. Un
primer veredicto dio la razón a Roque Marín pero la apelación de doña
Ana logró cambiarlo y el desalojado fue don Roque.
La posesión de San Diego
perteneciente al Capitán Matheo de Castrillón Bernaldo de Quiroz fue una
estancia próspera que le sirvió para apacentar su ganado, tener sus
plantaciones y montar su trapiche. Es muy probable que en la propiedad
de don Matheo se hubiera edificado la primera capilla de Girardota; al
parecer, el título de la misma fue expedido por D. Joaquín López
Fiel-espada, visitador nombrado por el Obispo de Popayán. Las ruinas de
esta capilla se conservaron hasta hace pocos años y fueron ubicadas por
el padre Mario Sierra y Juan de Dios Cadavid frente a la entrada de
Interquim. Este predio junto con el de Hatogrande fue la base de lo que
hoy constituye el municipio de Girardota. Al fin de cuentas ambas
propiedades quedaban en familia: la de San Diego, en poder de don Matheo
y la de Hatogrande en manos de su hija, quien le heredó a su esposo,
aquel terreno que antes había pertenecido a Margarita de Alarcón y que
comprendía, parte de Girardota, Copacabana y Barbosa.
Otro pleito por el dominio de los
terrenos adjuntos a la quebrada la Chuscala (hoy Copacabana), enfrentó
al gobernador con unos mineros que se hallaban asentados en el lugar y
que eran liderados por el cura Tomás francisco de Arnedo y Paladines. En
1651 (o 1664?) este grupo de mineros, al tiempo que explotaban la
quebrada e intentaban desarrollar el "sitio" con su respectiva capilla.
No obstante, fueron desalojados por los esposos Salazar - Castrillón,
originándose así el traslado de la población minera para Piedras
Blancas. Una fuerte rivalidad se dio en consecuencia entre el gobernador
Salazar y el cura Tomás Francisco de Arnedo. Otro capítulo de esta
historia culmina en 1659, cuando Salazar logró que por decreto fueran
divididas las dos doctrinas de Aburrá y Guarne en cuatro curatos: San
Lorenzo de Aburrá, Guarne o Rionegro, Los Osos (Santa Rosa) y Santo
Domingo de la Tasajera.
"Con este trámite, Gómez de
Salazar logró que el Sitio no fuera por ese momento la sede de la
parroquia, y que desde su hacienda, donde existía la capilla de San
Esteban, se agrupara la jurisdicción de una amplia zona que comprendía
los territorios de Copacabana, San Pedro, Entrerríos, Girardota,
Barbosa, Santo Domingo y Don Matías ".
A la muerte de Juan Gómez de
Salazar en 1670, sus tierras pasaron a manos de su esposa Ana de
Castrillón. La minería fue uno de los frentes productivos que atrajo los
colonos. Años después el lugar pasó a llamarse Real de Minas de don
Juan de Espinosa. En 1673 Ana contrajo nuevas nupcias con el entonces
gobernador Francisco Montoya y Salazar. En ese momento había un litigio
entre los habitantes de la ciudad de Santa Fe de Antioquia y los del
sitio de Ana por las pretensiones de estos últimos de erigirla en villa.
El gobernador firmó el acto de erección en 1671 excluyendo de la
jurisdicción de la villa, los sitios de Hatoviejo, Tasajera, Totumo y
las tierras ganaderas de la familia Castrillón, que pudo conservar sus
privilegios gracias a que sus posesiones siguieron perteneciendo a la
ciudad de Antioquia. En 1675 falleció don Francisco, por lo que la
erección de la villa, después de haber sido aprobada por la Reina
Margarita de Austria, fue firmada por el nuevo gobernador Miguel de
Aguinaga. Pero en el Padrón general de 1675, una especie de censo que
registra los vecinos de una localidad, aparecen tanto la propiedad de
Matheo de Castrillón (en el valle abajo para arriba) como la de Ana de
Castrillón (por la otra banda del río abajo para arriba), lo que sugiere
que las intenciones de segregar definitivamente estos territorios de la
villa de Medellín no pudieron llevarse a cabo. El documento también
aclara la ubicación de ambas propiedades: a la de don Matheo a seis
leguas del marco de la Villa y a la de doña Ana a tres leguas, o sea,
que ésta quedaba más cerca de Medellín que la de su padre.
En 1734 estos terrenos eran
patrimonio de Sancho Londoño Zapata, quien se había casado con Lucía,
una hermana de Ana de Castrillón. En 1702, Lucía había logrado que le
fuera aprobada la construcción de una capilla en honor a la virgen de
Nuestra Señora del Rosario. No sabemos si aún se conservaba soltera o si
ya se había casado con don Sancho, lo cierto es que en el manto de la
virgen figuran los escudos de ambas familias . A Sancho Londoño le
heredó su hijo, el presbítero Sancho Londoño Piedrahíta. Como heredad de
la familia Londoño, pertenecieron los predios de la actual Girardota al
Presbítero Manuel de Londoño y de este a Pedro Londoño. Fue esta
familia la que donó el área para la población, el terreno para el
cementerio, los ornamentos, las estatuas y los cuadros para el culto.
El paraje de Hato Grande fue
erigido como partido mediante un decreto firmado por el gobernador José
Barón de Chávez el 31 de diciembre de 1757.
No todas las tierras fueron
adjudicadas por mercedes a los españoles; en realidad, el proceso de
colonización había comenzado integrándose en él, tanto las distintas
etnias (blancos, negros e indios) como las diversas actividades
económicas (agricultura, ganadería, comercio y minería), constituyéndose
un espacio dinámico que incluía varios tipos de posesiones (grande,
mediana y pequeña propiedad). Así, la fertilidad del valle y la vocación
de despensa agrícola y ganadera fueron las condiciones que incitaron la
llegada de nuevos moradores durante todo el siglo XVII al Valle de
Aburrá.
Es importante recordar que pese al
decaimiento de la producción aurífera en el siglo XVII, la minería
antioqueña continuó en su lugar de máximo productor de divisas para la
Corona española; su producción hizo tránsito hacia la pequeña
explotación minera, en otras palabras, se pasó de la producción in situ,
de grandes inversiones en materiales y esclavos del siglo XVI a una
minería invasora; por ella pasaron grupos de mazamorreros y pequeños
propietarios se dispersaron por toda la geografía antioqueña en busca
del preciado metal, especialmente en los lechos de los ríos.
Desde comienzos del siglo XVII se
efectuaron en el Valle de Aburrá, movimientos migratorios que fueron
motivo de litigios permanentes por la posesión de las tierras, el
protagonizado por los esposos Salazar - Castrillón contra los mineros de
La Chuscala, es un ejemplo de los conflictos suscitados entre
propietarios de tierras y mineros; lo anterior, sumado a la legislación
minera, y a la resistencia de los dueños de tierras para permitir la
explotación de las quebradas y ríos, hacían más complicado el panorama.
La Corona española era una de las más perjudicadas, puesto que era el
oro el producto que representaba la mayor parte de sus ingresos a partir
del Quinto real. La solución que luego se ideó fue cobrarlo a los
comerciantes y tratantes que negociaban por mercancías el oro en polvo
obtenido por los mineros.
En el valle de Aburrá la minería
no fue muy significativa. El potencial económico se concentró entonces
en el sector agrario; sus tierras fueron cada vez más atractivas para
grandes, medianos y pequeños propietarios, así como para jornaleros,
mestizos y negros libres sin propiedad.
Según la historiadora Gloria
Guarín, en 1.787 las tierras de Girardota, ya como parte del partido de
Río Abajo, era una zona de grandes estancias, pero también de medianas y
pequeñas propiedades, al igual que de mucha gente sin tierras. En el
censo de dicho año se distinguían ocho grandes propietarios, es decir,
el 5,36% de los cabezas de familia reseñados. Uno de los más importantes
propietarios era el Alguacil Mayor don Juan Antonio de la Madrid
natural de Jimena, de la provincia de Jaén, obispado de Cádiz (España);
tenía en Girardota una casa de paja y en la zona urbana de la villa de
Medellín una casa de teja con cocina cubierta.
No era de extrañar que a pesar de
vivir buena parte de su tiempo en la hacienda, muchos propietarios
tuvieran la casa de teja en la villa. En ese lugar por lo general se
concentraban la esposa, hijas e hijos menores del hacendado, mientras
que los varones atendían la propiedad rural. Contaba también el señor de
la Madrid entre sus tierras con una propiedad en el "El Hatillo" en
donde tenía arados, un cañadulzal con una producción que ascendía a 100
arrobas de dulce y cosechaba 70 fanegas de maíz por año. Sus reses
sumaban 140, sus yeguas 100, sus mulas 20, sus caballos 8 y sus muletos
14. El número total de esclavos que tenía era 39. Dos fondos que compró
en el salado de don Juan Antonio Isaza le retribuían 100 arrobas de sal.
Su caudal líquido ascendía a 9.000 pesos.
3.4 Los años postreros del período colonial
4.6. Servicios públicos
Tabla Escuelas públicas y privadas en 1845
5.5. Infraestructura y cobertura educativa.
En
1971 con el fin de ofrecer educación a obreros, empleados y amas de
casa que no pudieron culminar sus estudios se creó el bachillerato
nocturno. En 1976 se creó la Corporación Educativa Atanasio Girardot. En
1985 se creó el centro regional de educación a distancia, para dar
formación profesional en la modalidad semipresencial, en él se ofrecían
las tecnologías de electrónica y eléctrica. A través de los años el
municipio ha venido motivando la creación de colegios e institutos para
solucionar los problemas de cobertura educativa. No obstante, en el año
2001 se presentó una crisis por falta recursos, lo cual motivó un paro
de maestros de más de un mes por el retardo en sus salarios.
5.7 Los caminos del progreso
5.8. El trazado de las vías
A
comienzos del siglo XX, la construcción de vías en la localidad fue una
de las prioridades de la acción del Concejo y la administración
municipal. Estas vías debían pasar en no pocas ocasiones por terrenos y
propiedades de algunos contribuyentes, lo que implicaba una negociación
de estos terrenos o la expropiación por vía administrativa. Se trataba
de crear una red vial para el municipio, acorde con el crecimiento que
ya estaba mostrando, por eso se prolongaron algunas calles y se abrieron
otras nuevas. En 1907 fue declarada de utilidad pública la apertura de
las siguientes vías:
Otros
grandes propietarios eran don Joaquín Cadavid y don Gabriel Muñoz, a
cada uno de ellos les contabilizó un caudal líquido de doce mil pesos
oro. El primero se dedicaba a mantener su estancia en las tierras
nombradas "Hatogrande"; allí cultivaba maíz y plátano, entre otros.
Tenía, además una casa propia de teja y un derecho de mina que no
trabajaba llamado del Río Chico, ubicado en el Valle de los Osos.
Apacentaban en su hacienda 300 cabezas de ganado vacuno, 100 cabezas de
yeguas, un burro, 14 caballos y 10 unidades de ganado cabrío. Poseía,
además, 25 esclavos. De su matrimonio con Josefa de Villegas tuvo 7
hijos.
Don
Gabriel Muñoz, abuelo del General José María Córdoba, era uno de los
mineros más importantes de Antioquia a fines del siglo XIX, en momentos
en que la minería practicada no era la de grandes explotaciones, sino la
de pequeñas cuadrillas de esclavos dirigidas por un minero o la del
simple mazamorreo de trabajadores libres. Don Gabriel, o mejor, don
Gabriel Ignacio Muñoz de Rojas, como aparece registrado en la
Genealogías de Antioquia , tenía cinco hijos de su matrimonio con doña
María de Castrillón (Juan, Martina, María Josefa, Servanda y Pascuala).
Entre sus propiedades en 1787, cuando tenía 41 años de edad, se contaban
las tierras de pan y caballería en "Barbosa", otro derecho de tierra
pro indiviso en el sitio de Can-Can y una mina de oro corrido en proceso
de montaje en la quebrada de Ovejas. Su ganado consistía en 300 vacas,
16 ovejas, 126 yeguas de cría y 20 caballos. Tenía, además, 37 esclavos y
reconocía un censo por sus tierras de 2000 castellanos. Su caudal
líquido ascendía a 12.000 pesos.
La
vida de este minero puede ser tomada para ilustrar las relaciones
sociales durante el período colonial y el estatus que otorgaba la raza y
el nacimiento. En cierta ocasión uno de sus sobrinos, Antonio, demandó
al Procurador General del Cabildo de Medellín, don Nicolás Jaramillo,
porque rehusó llamarlo Don, es decir, de origen noble; según el
agraviado, esta omisión, era más que un insulto personal, porque el
prestigio de la familia Muñoz había quedado en entredicho. Jaramillo
respondió la demanda aclarando que la madre de Antonio era una mestiza
que, además, había sido ilegítima (es decir, nacida por fuera del
matrimonio) y que al haberse casado con don Ignacio (su padre), los
hijos de estos eran de sangre mezclada. Para probar la pureza de su
sangre, don Antonio comprobó como sus hermanos habían ejercido cargos
que sólo los blancos podían ostentar: Joseph y Nicolás habían sido
jueces pedáneos en Santa Rosa y Sopetrán, Nicolás había sido alcalde de
la Santa Hermandad y Thomás era sacerdote egresado de la Universidad
Santa Fe de Bogotá; en cambio tejía un manto de duda sobre las razones
que podía haber tenido Jaramillo para injuriarlo por pleitos sobre
posesiones. De todos modos Antonio y su hermano nunca pudieron ostentar
cargos políticos en la villa.
A su
tío Gabriel, nuestro Giradotano más poderoso, también le tocó parte del
agua sucia de este pleito, otro blanco, don Pedro Elefalde, que quería
agraviar a los Muñoz decidió omitir el título de "don" con el que
tradicionalmente se había tratado al tío de Antonio. En una demanda, don
Gabriel demostró que había sido alférez en la fiesta de Nuestra Señora
de la Candelaria, un honor que sólo los blancos podían ostentar; el otro
se defendió diciendo que él había llegado hacía poco tiempo a Medellín y
que trataba al señor Muñoz de la misma manera que lo hacían los otros,
algo muy dudoso, puesto que don Gabriel gozaba de gran reputación como
minero acaudalado y como blanco. El pleito lo perdió Elefalde, pero para
estar más seguro, don Gabriel gestionó en 1792 una Cédula de Gracias al
sacar que lo reconocía como legítimo. La confirmación llegó por medio
de una Real Cédula firmada por el rey Carlos IV el 2 de septiembre de
1793; en ella se ordenaba que le fueran otorgadas todas las
preeminencias y honores debidos a los hijosdalgo . Para don Gabriel este
pleito no impidió que pudiera ocupar puestos políticos, fue alcalde
segundo del cabildo de Medellín, además el comercio le deparó una
considerable fortuna (30.722 pesos) mientras la minería le produjo
13.016 pesos. La conclusión de Ann Twinam no puede ser menos
contundente, "este ejemplo sugiere que la ilegitimidad era un obstáculo
menos grave que el mestizaje para obtener la entrada a la élite
política".
Las
tierras de don Gabriel en Girardota y no la minería, sin duda, lo
vinculaban más con los destinos de este partido. Sabemos por el censo de
1787 que tenía esclavos y algunos agregados trabajando en sus tierras
de Hatogrande producían alrededor de 80 fanegas de maíz por año y las
tierras de montaña 150 fanegas, una cantidad nada despreciable puesto
que en promedio las pequeñas propiedades producían entre 10 y 15
fanegadas de maíz.
Las
medianas propiedades registradas en el censo de 1787 eran diez;
correspondían al 6,7%. Eran más pequeñas, con capacidad para muy poco
ganado y no resultaba extraño que su propietario trabajara la tierra
junto con sus esclavos y agregados. Don Pablo Arango un mediano
propietario tenía un caudal líquido de 1.358 castellanos. Trabajaba con
la ayuda de ocho esclavos sus tierras de Hatogrande, cosechaba maíz,
plátano y yuca y tenía tres caballos. Francisco Salazar, otro mediano
propietario, trabajaba junto con tres esclavos sus tierras de Hatillo.
Cosechaba 10 ó 12 fanegadas de maíz, plátano y yuca. Tenía además un
derecho de tierra en el sitio de Yolombó y una mina de oro corrido
denominada "Dos quebradas" sin laborar. Su ganado se contabilizó en 36
vacas de criar, 5 caballos, 3 mulas y 11 potros. Su caudal líquido quedó
declarado en 1.267 castellanos.
Los
pequeños propietarios eran más. Sumaban 92 personas equivalentes al
61.74%. Uno de ellos, Marcos Ruiz, era un negro libre que vivía en su
casa propia de paja con una cuadra y media de tierra y en la cual
producía tres o cuatro fanegas de maíz al año, plátano, yuca y
hortalizas. Poseía también 3 caballos y un caudal manifestado de 50
pesos.
El
grupo de pobladores sin caudal sumaba en el censo mencionado 25
individuos que correspondían al 16,77%. Por debajo de ellos estaban los
que "vivían a merced", es decir, trabajadores o arrendatarios que vivían
agregados en tierras ajenas. Por ejemplo, sobre José María de Rojas, el
censo no precisa su ocupación, simplemente aparece como agregado en
casa de su suegra María de Rojas, ubicada en tierras del doctor don
Lorenzo de Isaza ubicadas en Graciano. No poseía bienes.
Las
propiedades a lo largo del cauce del río Medellín, en la parte norte del
Valle de Aburrá, siguieron fragmentándose a un ritmo un poco más lento
en algunas partes. Copacabana, conocida inicialmente como Tasajera, fue
punto de partida de las poblaciones del norte del valle; conservó su
nombre pero se le desagregó parte de su territorio. El territorio de
Girardota vivió un proceso que comenzó con la erección de la capilla en
el sitio de Hato Grande, propiedad de Sancho Londoño desde 1734; luego
pasó a ser partido por decreto dado por el señor Barón de Chaves, en
1757. En 1833, el Doctor Juan de Dios Aranzazu, Gobernador de la
Provincia de Antioquia, decretó la erección del antiguo partido de Hato
Grande en distrito parroquial con el nombre de Girardota, en memoria de
Atanasio Girardot. Lo separaba de Barbosa, la quebrada Los Tempranos; de
Copacabana, la quebrada El Hato o de los Sierras pasando por el Ancón y
siguiendo por toda la cuchilla hasta el Alto El Chuscal. El 17 de
Octubre del mismo año fue erigida la nueva parroquia de Girardota.
Contaba en ese momento con 1824 habitantes. El nombre de Hato Grande fue
reemplazado en el siglo XIX por el de Girardota, pasando a ser unidad
administrativa autónoma.
A
partir del siglo XVII, la población de Tasajera siguió bastante
mezclada, con un número mayoritario de familias mestizas. En 1674 se
contaban entre Barbosa, Hatoviejo, el sitio de Tasajera y Hato Grande,
un número de 68 familias, la mayoría compuestas de indios, negros, y
mestizos. Sólo había quince españoles, casi todos militares. En 1675, en
Tasajera se contabilizaron 23 familias.
3.3. Por los caminos del norte
Durante
el período colonial llegaban varios caminos a la Villa de la Candelaria
de Medellín; la mayoría de ellos estaban en malas condiciones, pues no
aguantaban un fuerte invierno, ni un tránsito continuo. Otros
inconvenientes eran las dificultades que ofrecían las quebradas y ríos
para cruzarlos y la renuencia de los dueños de predios a permitir que
estos cruzaran por sus propiedades.
Pero
el valle no podía quedar incomunicado; fue así como se aprovecharon las
antiguas rutas de los caminos prehispánicos y se construyeron otros
teniendo en cuenta los lugares de asentamiento y el contacto con lugares
que garantizarían el aprovisionamiento de mercancías que no se
produjeran en el entorno inmediato. Además, el valle de Aburrá era una
importante despensa para el abastecimiento de víveres destinados a las
regiones mineras del Occidente y de los Osos. El norte del Valle de
Aburrá tenía barreras naturales, la mayor de ellas el río de Aburrá (hoy
Medellín), que entorpecían el contacto con otras regiones; para
cruzarlo, era necesario esperar la época de verano, momento en el cual
el río tenía menos caudal, o aprovechar el recurso de los balseros.
Desde el siglo XVII se hizo
fundamental para la villa la comunicación por el norte del valle con la
ciudad de Antioquia y con toda la zona de Occidente. Para ello se
destinó el Camino de la loma de Angulo por donde la villa recibía los
minerales provenientes de Los Osos y los productos traídos de Quito y
otras partes. Era un camino peligroso, las bestias corrían el gran
riesgo de despeñarse; atravesaba el sitio de la Mata Redonda y algunos
pasos y quebradas, entre ellas La Julia. El mantenimiento de este
"Camino Real", corría por cuenta del Cabildo, que a su vez, contrataba
peones a quienes les entregaba herramientas y les pagaba con maíz,
carne, sal y tabaco.
Un camino alterno pasaba por
predios de don Miguel Madrid, pero al parecer se trataba de una loma
empinada y resbalosa que solo tenía la ventaja de acortar el camino
hacia San Jerónimo. Era una ruta que pasaba por las quebradas La García,
El Gallinazo y la Puerquera, entre otras . Para incorporarlo a la red
de vías era necesario adecuarlo; un testimonio de 1787 resaltaba el
ahorro de tiempo para los caminantes de Rionegro y del Valle de Abajo,
así como para quienes iban de Hato Viejo para San jerónimo y Antioquia.
Otro camino comunicaba a la villa
con "los potreros de Barbosa", seguía por "las vegas del río [Medellín o
de Aburrá], rodeándolas por unas laderas"; al igual que los anteriores,
estaba en mal estado, la principal causa de su deterioro eran las
lluvias . No es de extrañar entonces que el Capitán de Infantería Joseph
Barón de Chavéz, a propósito del mal estado del camino Hato
Viejo-Barbosa, le recordara al Cabildo una Real Provisión
comprometiéndolo con la apertura y mantenimiento de los caminos. Otros
percances estaban relacionados con los propietarios de los predios por
donde éste pasaba; en un tramo el camino seguía los linderos de la
propiedad del difunto Don Joseph Escobar, y de las estancias de don
Pedro Restrepo, Carlos Paniagua y don Joseph María Jaramillo. A estos se
les ordenaba cercar sus predios y al último ponerle estacones a una
sepultura que abrió al lado del camino y componerlo con un ancho de
cuatro a seis varas.
Pero la comunicación con el norte
debió continuar con múltiples inconvenientes hasta el siglo XIX. Apenas
en 1811 se ordenaba la construcción de un puente para cruzar a caballo
el río Medellín y permitir la comunicación con San Cristóbal y otros
lugares.
El fin del período colonial
correspondió al dominio de los Borbones en España. Su afán de modernizar
los sistemas de producción en sus colonias americanas, los llevó a
implementar diversas medidas tendientes a la optimización de los
recursos, a la diversificación de la producción y a la ampliación de los
mercados, entre otros. El territorio que hoy comprende Girardota no
estuvo exento de estas políticas. Una de las acciones que dinamizó el
intercambio en el valle de Aburrá fue la construcción de puentes, en
especial el de Colombia, sobre el río Medellín, clave para garantizar
una permanente relación e intercambio entre el norte del valle y la
villa. A esa altura del río, tradicionalmente se cruzaba pero con la
ayuda de balsas o a pie en época de verano. Con la construcción de este
puente en la década de 1770, los productos del norte pudieron ser
rápidamente traídos a este mercado regional. De Hatogrande, Juan Cojo,
San Esteban, Pantanillo, el Espinal, Graciano, Arrancauñas, el Totumo,
todos ellos pertenecientes al "partido del río abajo", llegaron a la
villa sus excedentes de producción, especialmente dulce de caña, un poco
de ganado, maíz y plátano.
Los
cultivos permitían acumular estos excedentes. En las estancias se
condensaba el trabajo de esclavos, jornaleros y agregados. De los 103
esclavos que vivían en el Valle del río Abajo y que fueron registrados
en el censo de 1786, una buena parte residían en la vereda San Andrés y
en el Hatillo. Algunos esclavos trabajaban para sus amos en las minas,
por lo general por fuera de la jurisdicción. Pero la mayoría estaban en
las haciendas, dedicados a las labores agrícolas y ganaderas.
Otro grupo de trabajadores, los jornaleros y los agregados,
constituían el conjunto más numeroso. No es de extrañar que muchos de
estos jornaleros y en especial los agregados, fueran antiguos esclavos
libertos o mulatos con los que los hacendados tuvieran una relación de
muchos años atrás y que su condición de "libres" no los llevó a emigrar
hacia palenques u otros lugares de mayor presencia de negros. Vale la
pena hacer una aclaración: ser "libre" en el período colonial, equivalía
a decir poblador de cualquier etnia distinta a la del blanco pero que
no fuera esclavo, en este grupo entran entonces los mestizos, mulatos,
zambos, negros libertos y toda clase de mezclas raciales, tan propias de
la época y de nuestros tiempos. De los 117 libres cabeza de familia del
lugar, 47 vivían en tierra ajena, uno a merced, uno en tierra arrendada
y nueve en rocerías ejerciendo la labor de cosechero; es decir, cerca
de la mitad de los libres no tenían tierra propia, mientras que sólo dos
blancos trabajaban en tierra ajena, y otros dos en las rocerías.
Las pequeñas y medianas propiedades también disponían de agregados y
jornaleros, aunque no en la dimensión de las haciendas. Era más
corriente que las primeras fueran trabajadas por el dueño y su
parentela: hijos, yernos y cuñados en campos que por su tamaño sólo
producían unas cuantas fanegas de maíz y algunas hortalizas, plátano y
yuca.
El lugar de trabajo, en la pequeña y mediana propiedad, era por lo
general, el mismo lugar de la vivienda, una casa de techo pajizo,
atendida ordinariamente por las mujeres de la familia. Lo anterior
contrastaba con las grandes posesiones, sus dueños, por lo general,
tenían varias casas, la de paja en la hacienda y la de techo de teja en
el marco de la villa. El lugar de la esposa e hijas de los hacendados,
era la casa de teja del marco de la villa, mientras que en el predio
rural cohabitaban los hombres junto con los sirvientes y agregados.
De los nueve individuos con casa de teja en el partido de Río Abajo
registrados en el censo de 1786, siete eran blancos y dos libres, en
cambio, la mayor parte de la población mestiza, (85 de 117), vivían en
casa de paja. Eran pocos los que vivían agregados, en casa alquilada o
en ranchos. El siguiente cuadro muestra la distribución por habitación
de los cabeza de familia del lugar en ese año.
Tabla 4. Distribución de la población en 1786
| Cabeza de familia | Casa propia teja | Casa propia paja | Casa sin especificar | Casa arrendada | Casa ajena | Ranchos | Total |
| Blancos | 7 | 8 | 3 | 3 | 6 | 5 | 32 |
| Libres | 2 | 85 | 12 | 0 | 14 | 4 | 117 |
| Total | 9 | 93 | 15 | 3 | 20 | 9 |
Fuente: Correa Bustamante Carlos
Mario. De Hatogrande a Girardota. Tesis Universidad de Antioquia,
Departamento de Historia, Medellín, 2002, p55
La mayoría de los hacendados eran blancos, pero no eran
grandes latifundistas, sus haciendas no se comparaban con los vastos
territorios acumulados por terratenientes en otros lugares del reino.
Las más grandes posesiones podían medir una legua. Algunos tenían en
otras jurisdicciones propiedades agrícolas, minas y salados atendidos
por salineros de confianza.
Tabla 5 Relación de Blancos y libres en 1786
El censo de 1787 permite también rastrear la actividad ganadera.
Entre los 32 blancos y los 117 libres registrados por el censo de 1786,
apenas se contabilizaron 1.181 reses de ganado vacuno, la mayoría
pastaban en las haciendas de los blancos. Los caballos tan sólo sumaban
1.121 ejemplares, entre potros, yeguas de cría y machos.
En general, la población era de escasos recursos. Sin duda, el
excesivo fraccionamiento de la propiedad agrícola, la ausencia de
recursos auríferos en la zona y el limitado contacto con los mercados
del centro del Valle de Aburrá, traía como consecuencia que arraigaran
allí pocos capitales de consideración. No se hallaban radicados en el
Partido de Río Abajo los personajes que acumularon las más grandes
fortunas de la provincia de Antioquia, aunque de estos, algunos tuvieran
intereses en el lugar. Si bien la labor agrícola era fundamental para
garantizar la subsistencia de la población, la tierra no era el elemento
que más pesara en los cálculos de los bienes patrimoniales. Por
ejemplo, a un hacendado como don Joaquín Cadavid se le calculaba en 1786
un patrimonio de 500 castellanos con Censo y 200 castellanos sin censo.
Sus tierras tenían una longitud de ¾ de legua y de ancho ¼ de legua.
Este señor tenía además, una casa de teja, dos de paja, 300 reses de
ganado vacuno, 147 de ganado caballar y una mina en Río Chico. Los
esclavos eran un componente que pesaba más en el cálculo de las grandes
fortunas. Don Gabriel Muñoz, con un caudal de 12.000 castellanos, tenía
35 esclavos, tierras de pan y caballería en Barbosa que medían una legua
de longitud de la cumbre al río y ¼ de legua de latitud, un pedazo de
tierra de montaña de 150 fanegas, un derecho de tierras en Cancán 300
reses de ganado vacuno, 146 caballos, una mina de oro corrido en Ovejas,
alhajas y una casa de teja.
La población libre, compuesta por mestizos, mulatos, zambos y
esclavos libertos, era mayoría en el partido de Río Abajo en la segunda
mitad del siglo XVIII. En 1786 fueron registrados 32 individuos blancos
cabeza de familia y 117 libres. A unos y otros se les sumaron sus
respectivas parentelas, esclavos, agregados y dependientes. Se calcula
que el grupo de libres representaba el 83.8% de la población, mientras
que el de blancos apenas llegaba el 13.7%
| RANGO | BLANCOS | % | LIBRES | % |
| Sin caudal | 0 | 0 | 35 | 29.9 |
| $1 a $99 | 5 | 15.6 | 63 | 53.8 |
| $100 a $499 | 4 | 12.5 | 14 | 11.9 |
| $500 a $999 | 8 | 25 | 1 | 0.8 |
| $1000 a $4.999 | 8 | 25 | 4 | 3.4 |
| Mas de $5000 | ||||
| Otros | 7 | 21.8 | ||
| Total | 32 | z 100 | 117 | 100 |
Fuente: Correa Bustamante Carlos
Mario. De Hatogrande a Girardota. Tesis Universidad de Antioquia,
Departamento de Historia, Medellín, 2002, p54
Fue propio del período colonial que la gran hacienda albergara una
capilla y que a ella concurrieran propietarios y trabajadores del lugar.
Recordemos que desde el siglo XVII las más importantes haciendas (San
Diego y Hatogrande), tenían su propia capilla y que a principios del
siglo XVII, más exactamente en 1702, doña Lucía Castrillón obtuvo
permiso para su capilla, la antecesora del actual templo parroquial.
Alrededor de la capilla se entretejían buena parte de las relaciones
sociales de la estancia. Ese contacto espiritual era básico para la
armonía y el control del grupo campesino en general.
- Tomado de:
CIEZA DE LEÓN, Pedro. La crónica del Perú. Madrid, Edición Manuel Ballesteros, 1984, p.120
Citado en GUARÍN Ocampo, Gloria María. Tenencia de la tierra en el
Valle de Aburrá. Tesis Departamento de Historia, Universidad de
Antioquia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, 1998, p.2
Otras fuentes dicen que la venta a Diego Suárez fue efectuada por
Ginés Ruiz de Quiroz, quien le había comprado a Pedro Martín de Mora,
aquel que había negociado con Alonso de Rodas sus tierras del Valle de
Aburrá. Ver: Distritos, 1967, p.18
Jaramillo, Roberto Luis, Notas al libro de Manuel Uribe Angel.
Geografía general del Estado de Antioquia en Colombia. Medellín,
Colección de Autores Antioqueños, 1985 Nota No. 30
Ver: Reseña Monográfica. En: Revista Distritos, 1967, p. 18
Entrevista con Duván Montoya, 2003
A.H.A. Colonia, Documento 3864, fol, 596
Mateo de Castrillón fue gobernador de Antioquia entre 1648 y 1651,
se casó con María Vázquez de Guadramiros y tuvo once hijos: Lorenzo,
Mateo, Diego, Andrés, Ana, Isabel, María, Lucía, Manuela, Catalina y
Bárbara.
GÓMEZ E. R., José. Colombia ante el santuario del Señor Caído.
Citado en Universidad Pontificia Bolivariana, CIDI. Inventario del
patrimonio urbanístico y arquitectónico del valle de Aburrá. Municipio
de Girardota. Documento General, 1999, p. 21,22
Juan Gómez de Salazar fue gobernador de Antioquia entre 1558 y
1664. A su muerte, Ana de Castrillón, se casó con Francisco Montoya y
Salazar, quien fuera también gobernador de Antioquia.
U.P.B., OP. CIT., p 23
CUENCA QUINTERO Miguel. Monografía histórica de Copacabana. Tomo II. P.22-24.
CUENCA QUINTERO. Tomo I. p.51.
Padrón General y Primitivo para la fundación de la Villa de
Medellín. En: Crónica Municipal Edición extraordinaria, Medellín, 1966,
p. 157.
Entrevista con Duván Montoya
REVISTA DISTRITOS, 1967, p. 18
Ibíd., 1967, p. 18
URIBE DE HINCAPIÉ, Maria Teresa y ÁLVAREZ, Jesús María. Raíces del
poder regional: el caso antioqueño. Medellín, Universidad de Antioquia,
p. 23
TWINAM, Ann. Mineros, comerciantes y labradores. Las raíces del espíritu empresarial en Antioquia. Medellín, FAES, 1985, p.55
GUARÍN OCAMPO, Gloria. Tenencia de la tierra en el valle de Aburrá.
Tesis Departamento de Historia, Universidad de Antioquia, Medellín,
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, 1998, p. 50
Ibíd., p. 52
ARANGO MEJÍA, Gabriel. Genealogías de Antioquia y Caldas. Medellín, Imprenta departamental, 1942, T. II, p. 114
A.H.A. Censos, Tomo 340, Doc. 6503
TWINAM, Ann. Op. Cit., P. 197-199
Ibíd., p. 200-201
Ibíd., p. 202
ARANGO MEJÍA, Op. Cit., p. 114.
TWINAM, Op. Cit., p. 202
A.H.A. Censos, Tomo 340, Doc. 6503
GUARÍN, Op. Cit., p. 54
Ibíd., p. 55
Ibíd., p. 18-22
CONGOTE, Juan de la Cruz. Reseña Monográfica del municipio de Girardota. En: Periódico La Defensa, Julio de 1936.
CUENCA QUINTERO. Tomo I. P52 y Tomo II p.80.
A.H.A. Caminos. T. 71, año 1685, Doc. 1961.
A.H.A. Caminos. T. 71, año 1682, Doc. 1961, Residencias. T. 86, Doc. 2381, fol.39
A.H.A. Caminos. T. 72, Doc. 1983, fol.19
A.H.A. Caminos. T. 72, Doc. 1983.
A.H.A. Caminos. T. 71, Doc, 1974, fol. 472v
A.H.A. Caminos. T. 71. Doc. 1968, fol. 279
A.H.A. Caminos. T. 71. Doc. 1974, fol. 470
A.H.A. Caminos. T. 73. Doc. 313
La producción agrícola se calculaba en fanegas, ésta equivalía a 12 almudes y 1 almud a una cuadra. Ver Correa, p.54.
CORREA BUSTAMANTE, Carlos Mario. De Hatogrande a Girardota. Tesis,
Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas,
Universidad de Antioquia, Medellín, 2002, p.48.
A.H.A. Censos, Tomo 340, Doc. 6503.
A.H.A. Censos Tomo 340, Doc. 6503
CORREA, Op. Cit. p.54
Después vinieron las ruedas Pelton y posteriormente, con la
utilización de motores de gasolina o electricidad se amplió el margen de
producción de los trapiches. Uno de los más famosos de la localidad fue
el Sacatín, su propietario, don Pepe Sierra, lo dedicó a la destilación
de aguardiente; estaba ubicado en la vereda El Paraíso, en el costado
occidental de la autopista norte, para ser más exactos, en el lugar
donde comienza la vía de acceso al municipio. También fue de don Pepe
Sierra el trapiche (hoy de Alberto Cadavid), ubicado en el costado
oriental de la vía al Hatillo (conocida a fines del siglo XIX como El
Carretero), en la vereda San Diego, muy cerca del corregimiento Cabildo.
Durante el siglo XIX la actividad ganadera, para diversas
fuentes consultadas, no tenía la resonancia de otros tiempos, aunque de
su toponímico, Hatogrande, heredado de la colonia, se concluyera que
allí prosperaron algunos hatos ganaderos. No obstante, se reconoce la
existencia de una cierta producción pecuaria determinada por la
presencia de reses de ganado vacuno, mular, asnar, caballar, mular y
cabrío. Ya en este período había comenzado un proceso de parcelación y
reducción de los hatos ganaderos acentuándose aún más en el siglo XX;
esto redundaría en el declive de la ganadería ya que esta precisa de
territorios amplios en los que pueda pastar el ganado.
| Ganadería | Hato viejo | Barbosa | Girardota |
| Ovejas | 25 | 10 | |
| Mulas | 400 | 430 | 135 |
| Caballos | 200 | 250 | 173 |
| Vacuno | 1500 | 556 | 1150 |
| Asnal | 9 | 10 | 9 |
| cabrio | 30 | 12 |
Fuente: A.H.A. Censos. Doc. 2696
La actividad industrial más clara del período fue la
Fundición de Metales de Girardota, creada en 1888 por un mecánico y un
pequeño capitalista de la localidad. A partir de la crisis de la
Ferrería de Amagá, la de Girardota, suplió algunas de las demandas del
mercado aunque no produjera hierro. Su localización, según Brew, fue un
acierto porque la empresa podía dedicarse a hacer las reparaciones para
el ferrocarril y atender el mercado local de trapiches y equipo minero.
Los precios de los trapiches de bronce producidos por la Fundición de
Girardota oscilaban entre $300 y $1000.
Tabla 11 Relación de Objetos en Girardota y Barbosa en 1834
| Cuadro estadístico de 1834 | ||
| Objetos: | Girardota | Barbosa |
| Casas de teja | 18 | 11 |
| Casas de paja | 222 | 280 |
| Valor de las tierras dedicadas al cultivo | $ 1.410 | $34.490 |
| Valor de las tierras dedicadas a la cría | $ 37.000 | $30.350 |
| Valor minas de oro relabradas | -- | $ 2.000 |
| Valor minas de salinas | -- | $300 |
| Valor molinos de caña | -- | $500 |
| Valor plantación de café | -- | $30 |
| Valor de la minas de metales preciosos | $900 | -- |
| Toros y vacas | 981 | 1.300 |
| Cabras | 6 | -- |
| Caballos | 220 | 600 |
| Mulas | 97 | 715 |
| Asnos | 6 | -- |
| Esclavos | 120 | 63 |
| Cerdos | 217 | 250 |
| Ovejas | 4 | 25 |
| Valor útiles de agricultura | 692 | $400 |
| Valor útiles de minería | -- | $200 |
| Quintales de café | -- | 5 |
| Panela y pandon qq. | -- | 1.500 |
| Quintales de queso | -- | 25 |
| Libras de oro | -- | 6 |
| Quintales de sal | -- | 100 |
| Quintales menestra | -- | 200 |
| Quintales de cebo | -- | 12 |
| Carga de Maiz | -- | 500 |
| Valor alhajas, adornos y servicio | $1392 | -- |
Fuente: A.H.A República. Censos tomo 337 doc 6495 Tomo 336
El cuadro anterior, elaborado en 1834, a solo un año de haber
sido desagregada Girardota de Copacabana y erigida como distrito, nos
muestra algunos ítem que revelan el comportamiento económico y algunas
condiciones sociales. Comparada con Barbosa, Girardota era un distrito
pequeño. Sus tierras de cultivo eran avaluadas muy por debajo de las de
Barbosa e incluso con un valor inferior al de sus propias tierras de
ganado, el número de bestias de ganado vacuno era inferior al de la otra
localidad, cuando se espera que fuera superior por el mayor valor de
sus tierras ganaderas. Sobre los aspectos sociales se destacan dos
asuntos: el primero, sobre el mayor número de esclavos en Girardota
(120) cuando Barbosa apenas alcanzaba a tener un poco más de la mitad
(63). Lo interesante es que en Barbosa todavía se trabajaba la minería,
mientras que Girardota no presentaba una actividad minera significativa.
Lo más probable es que la mayor parte de estos esclavos continuarán
trabajando en las fincas paneleras de la localidad, en otros oficios
agrícolas o en calidad de sirvientes, mientras que en Barbosa la
actividad minera aprovechara especialmente la labor de los mazamorreros
independientes. El segundo asunto tiene que ver con las casas de teja en
Girardota (18 en total), en número superior a las de Barbosa (solo 11),
que atestiguan una presencia mayor de propietarios de gran capacidad
económica, seguramente los dueños de los esclavos. Esta presencia de
propietarios con gran capacidad económica, junto con la evidencia del
papel que jugaron las élites locales en la erección como distrito, nos
permite concluir que la nueva condición administrativa de la localidad
favorecía sus intereses y garantizaba la autonomía del distrito.
4.4 De los viejos caminos al Carretero y a los anhelados rieles
Como la mayor parte de los
pueblos, el domingo era el día de mercado en Girardota. Al casco urbano
bajaban los parroquianos de las veredas en ese día de asueto para
participar de la Santa Misa y para vender o comprar productos. Era el
tiempo en que todos se congregaban para éstas y otras actividades
imposibles de realizar en semana, en medio del trabajo del campo. En
1843 se propuso variar las fechas de mercado para un día cualquiera de
la semana, pero esta iniciativa no tuvo eco, ya que era muy difícil
cambiar una costumbre tan arraigada; además, se corría el peligro de que
los campesinos se fueran en su festivo para otros pueblos a vender sus
productos aprovechando la feria dominguera de esos lugares.
Una vía trascendental para
el desarrollo de Antioquia y del valle de Aburrá fue el Ferrocarril
Medellín - Puerto Berrío. Esta obra fue contratada por el Estado
Soberano de Antioquia en 1874 con el cubano Francisco Javier Cisneros.
En 10 años, el recorrido del ferrocarril que había partido desde Puerto
Berrío, iba en la Cuesta de Pavas, o sea, tenía tan sólo 48 kilómetros
de longitud. En 1881, para poner en contacto el Ferrocarril con el
Carretero, se prolongó este último, hasta Aguas Claras. En 1897, la
línea llegó a Caracolí, en 1908 a la estación Palmichala, rebautizada
Sofía y en 1910 a Cisneros, la antigua la localidad de La Quiebra. Ese
mismo año se comenzó la sección llamada Porce, que a partir de un punto
se dirigía de un lado hacia Santiago y de otro hacia Medellín. El 20 de
octubre de 1912 fue inaugurada la estación Girardota.
Los pasajeros debían
bajarse en la estación El Limón, donde se interrumpía la línea, con
dificultad atravesaban el paso La Quiebra y continuaban en mula hasta la
estación Santiago, donde se restablecía el servicio. En 1899 Alejandro
López, siendo un estudiante de Ingeniería de la Facultad de Minas
propuso en su tesis la construcción de un túnel para el paso de la
Quiebra, poco caso le hicieron y sólo hasta 1926 se pudo comenzar esta
obra que fue orgullo de la ingeniería paisa. En 1918 el ferrocarril
llegó hasta la estación Santiago y a la estación Limón en 1920. Pronto,
el camino carretero, tan importante y congestionado unos años atrás, no
iba a ser necesario.
Tabla 12 Carreteras existentes en el siglo XIX en el Valle de Aburrá
| CARRETERAS | LUGARES |
| Carretera del Norte | Medellín, Copacabana, Girardota, Barbosa. |
| Carretera del Sur | Medellín, Itagüí, Caldas. |
| Carretera del Poblado | Medellín, Envigado. |
| Medellín al río Cauca | Medellín, Heliconia. |
| Medellín al departamento del Cauca | Medellín, Itagüí, La Estrella, Caldas, Fredonia, Nueva Caramanta. |
| Medellín a La Ceja | Medellín, Envigado, El Retiro, La Ceja. |
| Caldas a Bolívar | Caldas, Amagá, Titiribí, Concordia, Bolívar. |
| Medellín - Manizales | Medellín, Rionegro, La Ceja, Abejorral, Aguadas, Pácora, Salamina, Aranzazu, Neira, Manizales. |
| Medellín a Guarne | Medellín, Guarne. |
| Medellín - Antioquia | Medellín, San Jerónimo, Sopetrán, Antioquia. |
| Barbosa - Zaragoza | Barbosa, Santo Domingo, Yolombó, Remedios, Zaragoza. |
| Medellín - Santa Rosa | Medellín, San Pedro, Entrerríos, Santa Rosa. |
Fuente: Anuario Estadístico de Antioquia, 1888. p. 208-209
El
problema de la escasa inversión en infraestructura vial se debía a
múltiples razones, entre las que se contaban los altos costos, la poca
destinación de dineros para las obras públicas, la situación política
conflictiva y la difícil topografía antioqueña. En Girardota había un
camino que comunicaba con Copacabana, su categoría era de Camino
Provincial; éste pasaba por el Ancón, pero como no ofrecía mayores
ventajas para los transeúntes parecía más un camino de servidumbre. En
una comunicación de 1851 del encargado de la alcaldía, Gabriel María
Gómez a la jefatura provincial, hacía claridad sobre el mayor tránsito
por el camino que cruzaba el puente "de la Raíz", próximo a San Esteban y
que los 100 jornales destinados al mantenimiento del camino provincial
debían reservarse para mejorar este último.
El exiguo gasto en el
mantenimiento de vías públicas se evidencia también en la proyectada
carretera Medellín - Amalfi, a cargo del gobierno provincial, cuyo
recorrido incluía a las poblaciones de Copacabana, Girardota y Barbosa;
en 1853, el Gobernador informaba a la legislatura que para tal obra se
habían destinado $3000 de los $50.000 disponibles para la provincia y
que estos recursos continuaban siendo insuficientes. Como solución a la
difícil situación proponía pedirle apoyo a las parroquias para la
reparación de caminos o establecer nuevamente la modalidad de trabajo
personal, tan en boga en otros momentos.
Al igual que en otros distritos,
el mantenimiento de los caminos se hacía difícil, los recursos
escaseaban, lo mismo que el trabajo voluntario o subsidiario de los
vecinos. En Girardota el problema de comunicación se hacía más delicado
si se tiene en cuenta que el río Medellín divide en dos la localidad.
Era prioritaria la construcción de un puente. Esta obra fue aprobada en
1843, en el punto del Cabildo abierto en el Totumo para comunicarse con
la otra banda con San Esteban; la administración aspiraba a convertirlo
en un camino provincial. Parte de la construcción recaía en el trabajo
subsidiario de los ciudadanos. Un cálculo inicial daba como aportantes a
311 residentes; de estos, los treinta propietarios más adinerados
aportaban cinco días de trabajo, mientras que los restantes 281
participaban con tres días cada uno. Sumados los días de unos y otros se
contabilizaban 993 días al año como contribución de los ciudadanos del
lugar, de este tiempo las 2/3 partes serían destinadas para la
construcción del puente y 1/3 parte final para la reparación de caminos.
Pero la contribución no tenía que
hacerse, estrictamente, con trabajo, se podía pagar el equivalente en
salario de un trabajador, para la época estipulado en 4 reales. Las
obras comenzaron con más entusiasmo que capacidad económica. En pocos
meses la construcción se suspendió por diversas razones: una de ellas
era que no habían piedras, pues éstas solo se hallaban en la quebrada
Los Ortegas, muy distante del lugar, la razón más común para la
suspensión de los trabajos era la falta de recursos. Por momentos sólo
se avanzaba en los trabajos de un lado (los estribos que cargaban el
peso), así el otro estuviera retrasado. También se sucedían accidentes
como la caída de un pedazo que se estuviera construyendo.
En 1845, para resolver parte de
los inconvenientes, el señor Simón Restrepo le propuso al jefe político
que le permitiera cobrar en dinero a algunos contribuyentes en lugar del
servicio personal, él calculó que cada individuo podía aportar $2 si su
contribución era de cinco días. Pero ellos le salieron adelante y
expusieron que si contrataban un trabajador por su cuenta, esos días les
salían más baratos de lo que se les pretendía cobrar. Lo peor era lo
exiguo del presupuesto para estos gastos; ese año sólo se destinaron 24
pesos que hacían parte de las rentas comunales. Este dinero a todas
luces era insuficiente. En carta firmada por Simón Restrepo y fechada en
enero 3, se le informó al jefe político que para la culminación de los
trabajos de construcción del puente sobre el río, él calculaba una
inversión mínima de 400 jornales, mientras que para las tapias de la
cárcel eran suficientes 100. En 1851, el puente colapsó, por esta razón,
el cabildo acordó vender aquellos terrenos, obtener de paso algunos
recursos y resolver un fuerte problema de endeudamiento de la
administración local.
La carencia de un adecuado
servicio de acueducto era un problema que debían afrontar la mayoría de
las localidades durante el siglo XIX. El agua era tomada de las
quebradas más limpias y no eran pocos los litigios entre propietarios de
predios porque alguno ensuciaba el agua que otro de más abajo iba a
utilizar. En Girardota se firmó un convenio con los señores José Dolores
Sierra, Eusebio y José de Jesús Jaramillo, propietarios de la fundición
de la localidad para que estos pudieran aprovechar el agua de la
quebrada que surtía el acueducto municipal y utilizarla para proveer de
energía eléctrica a su empresa. Por este convenio, los concesionarios se
obligaban a cumplir un papel de fontaneros, ejecutando obras para el
ensanchamiento del cauce cuando fuera necesario, para la limpieza del
acueducto, para costear las reparaciones que demandara la conservación
del mismo y para entregar al distrito 25 pagos de agua de 10 líneas cada
una.
4.7. Educación
Durante gran parte del siglo XIX
el problema de la educación en Colombia fue uno más de los "caballitos
de batalla" en los que se enfrascaron los liberales y los conservadores.
Los primeros impulsaron una serie de reformas que tendían a laicizarla,
es decir a quitarle el gran peso que tenía la iglesia en materia
educativa. Ésta junto con otras reformas como las leyes de tuición
(sometimiento de la iglesia a la autoridad civil) y las leyes sobre
bienes de manos muertas (expropiación de bienes que habían sido
transferidos a la iglesia pero que no podían ser vendidas por ella),
fueron el argumento para que se dieran varios levantamientos en contra
del gobierno liberal. Argumentaban los conservadores que con estas leyes
se estaba persiguiendo a la Iglesia y que su papel como defensores de
la institución era luchar por sus derechos. Llegado el momento del
gobierno conservador, es decir, después de 1886, en el régimen de la
Regeneración, se le devolvieron a la iglesia sus prerrogativas y fue
indemnizada por los daños causados con la expropiación de sus bienes.
Así mismo, se firmó un Concordato con la Santa Sede para restablecer su
papel en la educación.
En adelante y hasta las reformas liberales de 1936, la educación
primaria obligatoria debía ser católica, mientras se le conferían a la
iglesia poderes de censura de textos que pudieran ir en contra de la fe
católica. Igualmente, otros problemas graves aquejaban a la educación
durante el siglo XIX; uno de ellos era la baja cobertura educativa. Los
escasos presupuestos manejados por las autoridades, las continuas
guerras civiles y la autonomía de las regiones provocaron el fracaso de
las políticas de masificación de la educación; ni siquiera en la segunda
mitad del siglo XIX, cuando se organizó la escuela primaria obligatoria
para todos los menores de edad, se alcanzó una mediana cobertura; en
ese momento, la polémica, de la iglesia contra las políticas educativas
del gobierno, retrasaron el avance de la educación. Girardota no podía
ser la excepción a ese balance nacional. En 1835 las autoridades de la
localidad hicieron una reunión con los vecinos con el fin de recoger
fondos que debían destinarse a la construcción de un local para una
escuela y la cárcel, pero tan sólo cinco pesos se recogieron, cuando el
presupuesto que se había preparado ascendía a $341. Veinte días después,
cumplido el plazo para recibir ofertas de construcción del edificio, el
funcionario encargado informaba al jefe político que no se había
recibido ninguna propuesta.
Pero ¿En manos de quién estaba la educación de los menores en
Girardota? Hasta ese momento corría por cuenta de particulares: don
Cornelio Molina y don Gabriel Gómez eran los instructores de primeras
letras de los niños Girardotanos; prestaban sus servicios en sus propias
casas, por lo que podemos concluir que no eran muchos los convocados.
En la casa de don Cornelio se educaban seis niños, por los cuales sus
padres pagaban una mensualidad de cuatro reales.
En 1836 se diseñó un edificio de 20 varas: ocho para la escuela y
doce para la cárcel, repartidos en tres piezas. Para llevar a cabo la
obra se intentó con otra modalidad: la del reparto a ciertos ciudadanos
de la responsabilidad de construir el local de escuela y cárcel. Se
convocó a don José María Isaza, pero luego éste fue eximido, después se
nombró a Juan José Soto quien también fue eximido por su enfermedad y se
llamó a su hijo, quien tampoco asumió su posición. Unos y otros aducían
mil excusas para no aceptar: entre ellas, los problemas de
comunicación, por vivir en la otra banda del río, o en el lado de San
Diego o en Medellín.
Pese a todos estos inconvenientes, la escuela fue abierta, por lo
menos ya en 1843 aparece funcionando, por lo que el jefe de gobierno
municipal reclama se apruebe el sueldo del preceptor y que la
gobernación cumpla con algunos auxilios que ha venido repartiendo a
otras escuelas del Valle de Aburrá.
Dos años después, la escuela contaba con una capacidad instalada
para 90 infantes y todavía no contaba con un rubro en el presupuesto de
rentas y gastos comunales para el preceptor. En realidad, eran 30 los
niños que asistían ese año a la escuela y ni siquiera tenían pizarra
donde escribir. Otro inconveniente era que su construcción había quedado
incompleta. Al respecto, el señor Simón Restrepo, informaba al jefe
político que no había podido recaudar los dineros que por servicios
personales, algunos individuos estaban obligados a entregarle a la
administración, por esta razón, no se habían podido levantar los muros
del patio de la escuela. Con el poco dinero que le había sido asignado,
$19.5, debía continuar la construcción del puente sobre el río Medellín,
una obra, a su juicio, más prioritaria.
| Escuelas públicas | Escuelas privadas | ||||
| Distritos | De niños | De niñas | De niños | De niñas | total |
| Medellín | 1 | 1 | 4 | 18 | 24 |
| Barbosa | 1 | -- | -- | -- | 1 |
| Caldas | 1 | -- | -- | -- | 1 |
| Copacabana | 1 | -- | -- | -- | 1 |
| Envigado | 1 | -- | 2 | 3 | 6 |
| La Estrella | 1 | -- | -- | 1 | 2 |
| Hato Viejo | 1 | -- | -- | -- | 1 |
| Itagüí | 1 | -- | 1 | 1 | 3 |
| Girardota | 1 | -- | 1 | 1 | 3 |
Fuente: A.H.A República, Asamblea tomo 2287 doc 3 fol. 172r
De acuerdo a lo anterior, la educación en Girardota durante
la primera mitad del siglo XIX era más bien restringida. Pero esta
situación no era exclusiva de la localidad. Según el cuadro anterior,
Barbosa, Caldas, Copacabana y Hatoviejo (hoy Bello), estaban mucho más
atrasados en materia educativa. Medellín era el principal centro
oferente de servicios educativos, tanto en escuelas públicas como
privadas.
4.8. El ambiente político del siglo XIX
Los conflictos
Algunas
ideas generales permiten ilustrar el ambiente político del siglo XIX en
Antioquia. De un lado, se sabe que la actividad pública era con
frecuencia, un patrimonio de sectores sociales elevados; la lógica de
esta costumbre estriba en una marcada estratificación social y un
ordenamiento jurídico que restringía el derecho al voto y a otros
derechos políticos a ciertas condiciones como la renta patrimonial y la
educación. De igual manera, se destaca el papel de la iglesia en la
cohesión social, la escasa presencia de un liberalismo anticlerical y
una actitud de confrontación con algunas de las políticas del
Liberalismo Radical de la segunda mitad del siglo XIX. Antioquia era
reconocida en el ámbito nacional como un fortín del partido conservador,
convertido a la postre en el "defensor" de la iglesia católica, en
tanto, en Bogotá, a nombre de los Estados de la Unión, dominaba una
fracción del liberalismo conocida como el Radicalismo.
Algunas políticas de los radicales
contra la iglesia, como la eliminación de bienes de manos muertas o las
leyes de tuición, suscitaron la protesta airada de los antioqueños y
algunos conflictos entre los que se destacan la revolución de 1851 y la
de 1876, ambas perdidas por la causa conservadora. En las dos
revoluciones, Antioquia se levantó contra el Estado Central y reclutó
soldados para la defensa de la iglesia. Por todas las localidades
antioqueñas era común escuchar noticias sobre los avances de la
revuelta. No pocos se insertaron voluntariamente en los grupos armados.
Otros tantos fueron reclutados a la fuerza por uno u otro ejército, de
ahí que fuera usual fugarse o esconderse en el monte para evitar ser
llevado contra su propia voluntad. Si la guerra no era un ideal entre el
común de las gentes de Antioquia, mucho menos atractiva resultaba para
los girardotanos.
En la revuelta de 1851, el jefe de
gobierno debía ejecutar una orden de reclutamiento forzoso en la
localidad, pero en su informe comentaba amargamente que no había podido
reclutar a nadie porque los hombres huían al monte cuando empezaban a
correr los rumores de que la tropa pronto llegaría a incorporar gente a
sus filas. Así mismo, había una imprecisión en la ley y este funcionario
pedía una aclaración sobre la posibilidad de hacer allanamientos y
sacar a los individuos de sus casas. Lo que sí se fraguó entre algunos
vecinos conservadores de Copacabana y Girardota fue la realización de un
motín en Medellín. De ello se acusaba al señor Antonio Uribe Palacio,
por incitar a los parroquianos a involucrarse en la causa conservadora
que había esgrimido como razones para la rebelión contra el gobierno
liberal, la defensa de la iglesia. El jefe de gobierno de la localidad
sospechaba hasta del conductor que debía llevar su comunicación a
Medellín y pudiera impedir que las autoridades de la capital fueran
enteradas de estos movimientos. No era fácil para el gobierno liberal
ejercer el poder en localidades tan profundamente conservadoras y
reacias a apoyarlo. En esa revuelta este leal servidor del régimen
liberal informaba a las autoridades del Estado Federal que remitía
algunos caballos para completar los 50 que le habían pedido como
contribución del distrito, algunas monturas, cinco escopetas, dos
fusiles y una lanza, junto con los individuos que se había sumado
voluntariamente a la tropa. Después de la revuelta, venía la persecución
a los facciosos que habían participado en ella, al parecer en
Girardota, concurrieron como rebeldes conservadores algunos comisarios y
cabos que después debían ser detenidos por el jefe de gobierno. Con
precaución, este administrador público, pedía el apoyo de un escolta, de
ocho hombres armados y autorización para hacer las aprehensiones a
altas horas de la noche con órdenes de allanamiento.
Sobre otras revueltas hay muy
pocos registros. En enero de 1836 tuvo lugar la rebelión del padre José
María Botero contra el gobierno. Este sacerdote fue condenado a prisión
por injurias y ataques contra las autoridades. Ya en la cárcel, el
empresario Manuel Posada Ochoa, junto con otros conservadores, liberó a
bala al padre Botero, éste se escondió y luego de ser recapturado fue
condenado a muerte por sedición, lo que conmovió a Medellín. Finalmente,
el padre Botero fue indultado luego de un dictamen médico que lo
declaraba loco. Parece que en Girardota se escondieron algunos de los
conjurados, o por lo menos se conoce un comunicado en el que se insta al
jefe de gobierno de la localidad para que detenga a los implicados y en
especial al caudillo.
En 1844 hubo otra revolución en
Antioquia capitaneada por el liberal rionegrero Salvador Córdoba, pero
al parecer, esta no tuvo ninguna incidencia entre los girardotanos, o
por lo menos, así lo confirman las autoridades; estaban más preocupadas
en ese entonces por la construcción del edificio de la escuela y cárcel,
por la continuación de las obras del puente sobre el río Medellín en el
Totumo, por darle cumplimiento a las leyes sobre vagancia y por aclarar
los límites con los municipios cercanos.
- Tomado de:
UNIVERSIDAD PONTIFICIA
BOLIVARIANA, CIDI. Inventario del patrimonio urbanístico y
arquitectónico del valle de Aburrá. Municipio de Girardota. Documento
General, 1999, p 38
Ibid., p. 39. Los datos sobre don
Pepe Sierra fueron suministrados a la investigación sobre Patrimonio
arquitectónico de Girardota por el Pbro. Mario Sierra, en entrevista
concedida el 7 de Junio de 1999.
Ibid., p. 39
Brew, Op. cit., p356
UPB, op. Cit., p. 42
Dane. Panorama estadístico de Antioquia, siglos XIX y XX. p.565
BOTERO GÓMEZ, Fabio. Las vías de comunicación y el transporte. En: Historia de Antioquia, p. 290
A.H.A. Tomo 1655, Doc. No. 4, fol 299 y ss.
Informe que el Gobernador de
Medellín presenta a Legislatura Provincial en el año de 1853. Medellín,
Imprenta de Jacobo F. Lince. 1853, p.13.
A.H.A. Tomo 1505, Doc. No. 3
A.H.A. Tomo 1514. Doc. No. 1
A.H.A. Tomo 1514. Doc. No. 1
A.H.A. Tomo 1568, Doc. No. 2
A.H.A. Tomo 1537, Doc. 1845
A.H.A. Tomo 1537, Doc. 1845
A.H.A. Tomo 1655, Doc. 4
Acuerdo No. 8 de 1889
A.H.A. República, Tomo 1379, Doc, 17767
A.H.A. República, Tomo 1379, Doc, 17767
A.H.A. República, Tomo 1379, Doc, 17767
A.H.A. Tomo 1505, Doc. No. 3
A,H.A . Tomo 1537, Doc. No. 1
A.H.A. Tomo 1568, Dov. No. 2
A,H.A . Tomo 1537, Doc. No. 1
MELO, Jorge Orlando. La política de 1904 a 1946. En Historia de Antioquia, p.143
ORTIZ MESA, Luis Javier. Antioquia bajo el federalismo. En Historia de Antioquia, p.117
A.H.A. 1655. Doc. 4
MELO, Jorge Orlando. Progreso y guerras civiles entre 1829 y 1851. En Historia de Antioquia, p.115
A.H.A. Tomo 1379, Doc. 17767
A.H.A. Tomo 1537, Doc. No. 1.
Del presupuesto de rentas y gastos
de 1967 que ascendía a $905.838.95, los gastos para la educación
ascendían a $111. 349.60. Sin duda la construcción de escuelas y
establecimientos educativos tenían una fuerte incidencia en los gastos
municipales, lo que hacía equivaler el rubro de gastos para la educación
en un 12% del presupuesto. No estaba tan lejano de las metas propuestas
a nivel nacional puesto que desde el plebiscito de 1957 se había
contemplado que debía destinarse como mínimo el 10% de los ingresos
municipales para este gasto.
5.6. Servicios Públicos
Mediante el acuerdo No. 3 del 14
de Junio de 1905 se destinó una partida para la reparación del acueducto
municipal. La cantidad estipulada fue de 20 pesos, una cifra baja que
serviría para complementar la asignada para este rubro a través del
departamento de obras públicas. Parece que el daño no era muy grande o
no existía una clara conciencia sobre la importancia de construir un
acueducto más moderno, acorde con el crecimiento de la localidad. Esta
partida se puede comparar con la que se aprobó para la construcción de
una escuela de niñas, $16.910 proveniente de la renta de licores que el
departamento le cedió al municipio.
El servicio de energía eléctrica a
comienzos del siglo XX era prestado a la municipalidad por
particulares. Por el alto precio de la energía pagada, el Concejo
Municipal aprobó un estudio que indicara el costo de instalación de una
planta eléctrica y la negociación con bancos a fin de conseguir un
empréstito para la obra. Sin que la obra se haya planeado siquiera, el
mismo acuerdo estipuló concederle alumbrado gratuito a la iglesia
parroquial (con 50 focos), la capilla y casa del hospital (con 20
focos), la capilla y casa del Colegio La Presentación (con 15 focos) y
la Casa Cural con 10 focos.
Otro de las acciones que aprobó
fue autorizar al personero para comprarle al señor Eladio Londoño un
terreno donde se instalaría la planta eléctrica. En la finca de este
señor, llamada El Salto, ubicada en el paraje del mismo nombre había
sido ubicada ya la planta para el acueducto, por lo que comprarle otro
terreno para la planta eléctrica, parecía un negocio más de los
celebrados entre parte y parte. La planta eléctrica sería ubicada en un
terreno contiguo a la quebrada El Salado, un cuadrado de 25 varas por
cada lado, por el que el Municipio pagó la no despreciable suma de
$20.000, en tanto que aprobó concederle gratuitamente y a perpetuidad
dos instalaciones de 5 bombillos de 16 bujías cada uno, en las casa de
habitación del vendedor. Parece que el negocio no era tan fácil,
especialmente tratándose de una localidad que manejaba un presupuesto
bajo y seguramente tenía poca capacidad para el endeudamiento. Al año
siguiente se firmó un contrato más adecuado a los recursos propios, el
Personero municipal firmó con el señor Juan de Dios Jaramillo un
contrato para dotar a la población de luz eléctrica por cuatro meses. El
servicio constaba de 22 focos, de 25 bujías, de los cuales, uno sería
para el local de la escuela nocturna; pero el cuidado de los mismos
debía ser constante, ya que el contratista informaba que en caso de
pérdida sólo podría cambiarlos por focos de 16 bujías, debido a su
escasez. Por este servicio, el municipio le pagaría al señor Jaramillo
$30 mensuales y lo exoneraba de pagar impuestos por el tiempo que durara
el contrato.
En 1967, varias empresas eran las
encargadas de prestar los servicios públicos: la energía era servida por
la Electrificadora de Antioquia, el acueducto por la Empresa de
Acueductos y Alcantarillados de Antioquia S.A. (ACUANTIOQUIA), tomando
los caudales de las quebradas El Salado y El Tigre; al parecer este
servicio tenía serias deficiencias en 1967, puesto que se carecía de
tanque de purificación y filtración.
ACUANTIOQUIA prestó sus servicios a
la localidad hasta la última década del siglo XX, momento en el cual
asumió estas funciones las Empresas Públicas de Medellín, que instaló un
sistema de acueducto moderno (Foto 17). El servicio telefónico era muy
precario, hasta ese momento sólo tres de estos aparatos funcionaban en
el municipio. El alcalde informaba a la revista Distritos que en poco
tiempo se instalaría un cable para la colocación de 100 teléfonos por
parte de las Empresas Públicas de Medellín - EPM.
La microcuenca de la quebrada El
Salado ha sido vital para el abastecimiento de agua a la población de
Girardota. Ésta y otras quebradas todavía abastecen algunas veredas. El
agua es llevada hasta los hogares por medio de tuberías plásticas. Otro
uso de la Quebrada es el aprovechamiento de su potencial hidroeléctrico,
especialmente para las industrias que se ubican en la cabecera de la
localidad.
Paralelo a la ribera del río
Medellín está la carretera troncal de Occidente, que conecta a la
cabecera por un ramal de 1 y 1/2 kms. Tiene además un ramal del
Ferrocarril de Antioquia que sigue también paralelo al río.
El despuntar del siglo XX trajo
para los antioqueños nuevas posibilidades de desarrollo económico que
fortalecieron una idea de progreso y de confianza. Ya el ferrocarril de
Antioquia, que había partido desde Puerto Berrío en 1874, se acercaba al
Porce y pronto continuaría por el valle de Aburrá, siguiendo su camino
hacia Medellín. En 1911 se inauguró el tramo entre Botero y Barbosa,
luego se inauguraron las estaciones de Copacabana, Girardota y Bello. El
progreso estaba ya tocando las puertas de los Girardotanos, pero no
todos opinaban lo mismo sobre las ventajas de acercarse a un mundo
moderno. Algunos interpretaron que las buenas costumbres, la
religiosidad, el espíritu apacible, serían alteradas irremediablemente.
Nos contaba uno de nuestros contertulios de la tercera edad en uno de
los talleres del recuerdo, que el cura de la parroquia prohibió a sus
feligreses asistir a la inauguración de la estación porque sentía que el
pecado se aproximaba peligrosamente. No obstante, en Girardota se
construyeron, además de la estación, una bodega para el almacenamiento
de mercancías y un local más sencillo en la vereda San Andrés.
El uso privado de los bienes
públicos es otro de los elementos que se pueden rastrear a lo largo del
siglo XIX. Como entidad del orden de lo departamental, la administración
del Ferrocarril de Antioquia dependía de Medellín y nada podía resolver
los municipios por donde pasara la línea férrea. Lo anterior se palpa
en la solicitud que el jefe de la Estación Girardota le hizo al jefe de
arrendamientos de Medellín en 1949 para que no renovara el contrato de
arrendamiento de cuatro locales contiguos a la estación suscritos con la
señora Luisa Morales V. Con varias razones, el citado funcionario
solicitó que estos locales fueran anexados a la estación, puesto que
podían prestar múltiples servicios a la misma: para dejar en ellos los
animales que llegaran a la estación, para descargar materiales de la
empresa o para que este funcionario pudiera tener allí una vaca "por la
escasez de leche y por lo aislado que se encuentra la estación del
pueblo". La solicitud del empleado no fue oída y le fue renovado el
contrato de arrendamiento a la señora Morales.
En el mismo plan de modernización
mediante la construcción de vías públicas, se inserta el tranvía de
Girardota. La Ordenanza 13 de 1919, facultó al municipio de Girardota
para que ocupara del camino que va desde la estación del tren hasta la
cabecera, una parte con una carrilera destinada al tranvía eléctrico El
Acuerdo Municipal que aprobaba el contrato con la firma Cock Sanín Villa
y Compañía había sido firmado en 1918 y estipulaba que sería destinado
para la movilización de pasajeros y de carga entre la estación Girardota
del Ferrocarril de Antioquia y la cabecera municipal. Con esta misma
firma, el municipio había contratado ese mismo año la prolongación de
las calles Rhin y Santander, las gestiones para conseguir del
ferrocarril de Antioquia, algunos rieles en desuso que sirvieran para la
planta eléctrica (junto con los del tranvía). Los honorarios por estos
servicios eran la no despreciable suma de $700, claro que en un contrato
posterior, que incluía la gestión de un préstamo en Estados Unidos, los
honorarios fueron fijados en 8% del valor de la obra.
Pero los tropiezos apenas
comenzaban. El municipio debió esperar cinco años para comenzar las
obras, o sea, hasta 1923. El empréstito que se consiguió no fue de
$50.000 como se esperaba, sino de $30.000. Se contrató al señor Ismael
Hernández para suministrar al municipio 200 traviesas (polines o
durmientes) en madera de comino o canelo perfectamente sana pagándole
$1560 por este servicio. Así mismo, se contrató al ingeniero Martín
Acevedo para el trazado del tranvía, el estacado de nivelación, el
movimiento de tierra y la elaboración del plano topográfico.
"Salía desde la calle 6, frente a
la casa donde hoy está el restaurante "La Barra". En ese entonces no
existía la carrera 15 hacia el norte, allí se encontraba el reversadero,
era una especie de Hache mayúscula muy larga, en la mitad estaba unida y
tenía hacia abajo un eje que le permitía girar. Cuando llegaba el
tranvía lo volteaban de manera que entrara a esa redondela, mientras se
organizaba los pasajeros que iban a la estación del ferrocarril, seguía
en línea recta por la calle 6, llegaba a la esquina de Felipe Ochoa
(carrera 17) que era mi abuelo materno, seguía y llegaba a la esquina de
Don Plácido Londoño, y giraba por la carrera 18, pasaba por el
cobertizo, que era la estructura de hierro con techo donde se guardaba
en el frente de la actual iglesia de San Esteban. Por allí los rieles
giraban describiendo media circunferencia para voltear hacia la
izquierda, seguía por el solar de los Patochos o Luis Muñoz, bajaba por
la gotera (El alero) del trapiche Caballo Blanco, dejaba sobre la
izquierda la casa de Teresa Marrana y seguía la carretera vieja. El paso
sobre el río lo hacia sobre un puente de madera y teja de barro,
finalmente llegaba a la estación del ferrocarril en donde había un
reversadero igual al de la plaza. El tranvía no seguía en línea recta
como lo hacen hoy los vehículos por la actual calle 6, porque desde la
carrera 18 la pendiente es muy pronunciada".
Era complicado el funcionamiento
del tranvía. Don Arturo recuerda que el vagón, o mejor, el "vagoncito",
no tenía posibilidad de voltear, era la misma gente la que lo conducía
en las curvas y lo volvía a encarrilar.
- Una que partía de la esquina donde estaba ubicada la casa del difunto Luciano Jaramillo, pasando por los predios de los señores Eusebio Jaramillo e Isidoro Barrientos hasta la calle del cementerio, en una extensión de cuatro cuadras.
- Una que partía de la calle "La Santana", hasta predios de don Eusebio Jaramillo y otros y que salía al frente de la casa de don Lucio Londoño.
- Prolongación de la calle del Rhin hasta cruzar con otra que partía de la entrada a la finca de los señores Raimundo y Juan Londoño.
- Una que parte de la calle Santana que forme manzana y salga a la calle continuación de la de El Rhin.
- Calle de El Totumo que debe prolongarse hasta el cementerio.
- Continuar la calle de las Anolinas o de don Celedonio Jaramillo hasta engranar con la primera calle, o sea la que partía de casa del difunto Luciano Jaramillo en un trayecto de dos cuadras.
- Calle que parte del hospital hasta engranar con la del cementerio en un trayecto de dos cuadras.
- Continuación de la calle El cementerio, cruzando por los predios de don Isidoro Barrientos, contigua a la casa de don Plácido Londoño.
- Continuación de la calle que parte de la casa del señor Ángel María Tobón, pasando por el solar de un señor Juan de Jesús Londoño, hasta la quebrada El Salado.
Tal vez estos trabajos se hicieron de
manera lenta, porque apenas en 1915 los señores Barrientos de Medellín
entablaron una demanda contra el Municipio, la que fue aceptada por
Eladio Londoño. Ellos reclamaban el pago de perjuicios ocasionados por
la apertura de varias calles que pasaban por sus propiedades de la parte
alta de Girardota. Para este percance, el municipio contrató un abogado
a quien le pagó $50 de honorarios por defender la causa del distrito.
5.9. El deporte en Girardota
En los últimos años y más
específicamente en el último gobierno municipal, el deporte de Girardota
se ha visto impulsado para conseguir mejores resultados y mayor
cobertura en servicios a la comunidad.
Una de las propuestas que busca el aprovechamiento del tiempo libre
y la construcción de estilos de vida saludable para la población
girardotana son los centros de iniciación y formación deportiva (CIFD)
que busca adiestrar en las disciplinas deportivas de Fútbol, Baloncesto,
Ajedrez, Voléibol, Tenis de Mesa, Atletismo, Fútbol de Salón, Tejo,
Natación, Patinaje, Bicicross, Ciclismo, Ciclo montañismo, Karate Do,
Gimnasia Aeróbica, Taekwondo y Balonmano.
Igualmente hay otras posibilidades que brinda el Inder Girardota
como son los festivales recreativos escolares, las vacaciones
recreativas y las caminatas ecológicas - recreativas. Para el caso de
las personas discapacitadas también hay servicios gratuitos de gimnasia,
piscina y recreación dirigida. En cuanto a resultados, Girardota se ha
visto obligada a mejorar su nivel deportivo por la competitividad de sus
vecinos del Área Metropolitana que poseen un desarrollo superior en
algunas disciplinas deportivas. Sin embargo estos son los logros más
recientes del municipio en el aspecto deportivo.
En fútbol, la especialización se ha dirigido hacia los equipos de
Pony Fútbol, motivados por la primera clasificación a la XVIII final
nacional de la categoría, donde alcanzaron los octavos de final. Para
este fin, han formado semilleros veredales y urbanos que han sacado
representantes infantiles a las divisiones menores del club Atlético
Nacional.
En baloncesto, un logro importante ha sido la clasificación a la
copa Saludcoop hasta la fase de octavos de final y ser denominado como
el representativo de Girardota como equipo revelación y juego limpio en
la rama masculina. En cuanto a la femenina, se encuentra en proceso de
fortalecimiento y sus apariciones en torneos han sido más locales.
Con respecto a la natación, el "Club Acuario" ha sacado buenos
prospectos que pueden llevar al municipio en un futuro cercano a ser la
base de la selección Antioquia de la disciplina. Para esto, se han
dispuesto clases para adultos, adolescentes, y niños desde los tres años
de edad.
En bicicross, Girardota cuenta con la mejor pista y la más técnica
de Colombia, por encima de otras tan importantes como la de Bogotá y la
de Caucasia.
En la misma línea, el ciclismo ha sido otra de las disciplinas que
mejor han representado el municipio a nivel departamental, nacional e
internacionalmente. El pedalista, Wilson Meneses Gutiérrez, de 21 años,
ha logrado medallas de oro en los campeonatos panamericanos del
kilómetro en Quitó (Ecuador), al igual que en los Juegos
Centroamericanos en San Salvador. Meneses alcanzó a competir en los
campeonatos mundiales de pista en Dinamarca, donde alcanzó gran roce
internacional.
El ciclomontañismo ha logrado posicionar dos de sus representantes
dentro de los cinco primeros lugares de la clasificación nacional.
Con respecto a otras disciplinas no tan representativas como el
balonmano (antaño base de la selección Antioquia y Colombia), voléibol,
microfútbol, patinaje, y karate do, se están realizando todos los
esfuerzos posibles para evidenciar un progreso significativo y que estos
sean dignos de competir a la par de municipios " potencia" en el sector
como Bello, Medellín, Envigado o Itaguí.
Otros deportes como el Atletismo, Tejo, Ajedrez, Tenis de Mesa,
Billar y Pesca, serán difundidos en el 2003 con mayor fuerza en las
primeras olimpiadas interbarrios e interveredales que piensa organizar
el municipio para este año.
- Tomado de:
REVISTA DISTRITOS, 1967, p.15
PEM. Plan Educativo y Cultural del Municipio de Girardota. 2003-2006
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1.
1907-1917. Acuerdo No. 12 de 1907, fol. 160.Acuerdo No. 3 de Junio 14 de
1905, fol. 136.
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1.
1907-1917. Acuerdo No. 12 de 1907, fol. 160. Acuerdo No. 2 de noviembre 7
de 1905, fol. 135
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1. 1907-1917. Acuerdo No. 9 de 1914, fol. 61
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1. 1907-1917. Acuerdo No. 13 de 1914, fol. 66
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1. 1907-1917. Acuerdo No. 14 de 1914, fol. 66
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1. 1907-1917. Acuerdo No 12 de 1915, fol. 81.
REVISTA DISTRITOS, 1967, p.19, 21
CORREA, Op. Cit., p. 23
REVISTA DISTRITOS, 1967, p.9
CORREA, Op. Cit., p. 23
UPB, op. Cit. P. 43
A.H.A. Fondo Ferrocarril de Antioquia C.F.A. 96, oficio #55.
UPB., op. Cit., P. 44
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Acuerdo No. 29 de 15 de abril de 1918.
MUNICIPIO DE GIRARDOTA Acuerdo No. 21 de 23 de febrero de 1918.
Acuerdo 29 del 15 de abril de 1918.
Acuerdo No. 69 de 26 de junio de 1919.
Acuerdo 32 del 19 de marzo de 1923
UPB. Ibid. p. 46. Entrevista concedida por el Pbro. Mario Sierra el
7 de Junio de 1999 al Proyecto sobre Patrimonio Arquitectónico de
Girardota.
Taller del Recuerdo, Recuerdos de la Tercera edad. Girardota, Casa del Abuelo. Relato de Arturo Arenas
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1. 1907-1917. Acuerdo No. 12 de 1907, fol. 160.
MUNICIPIO DE GIRARDOTA. Archivo Administrativo. Acuerdos. Tomo 1. 1907-1917. Acuerdo No. 5 de 1915, fol. 73
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